Repetición histórica: López Rega, Menem, De la Rúa, Macri y Milei, una derecha con el mismo libreto
En la Argentina, la historia no solo se repite: se copia. Basta mirar los discursos, las decisiones económicas y los alineamientos internacionales de ciertos gobiernos de derecha para descubrir que, más allá de las diferencias de época y de estilo, hay una matriz común que los une. José López Rega, Carlos Menem, Fernando De la Rúa, Mauricio Macri y Javier Milei conforman una línea de continuidad que insiste en aplicar las mismas recetas, aunque una y otra vez hayan llevado al mismo desenlace: crisis económica, exclusión social y pérdida de soberanía.
Por Jorge Rodic*

En distintos momentos del siglo XX y XXI, todos ellos prometieron orden, modernización y crecimiento. Sin embargo, los resultados son conocidos y dolorosamente repetidos. Ajuste fiscal, privatizaciones, endeudamiento externo, represión simbólica o real, debilitamiento del Estado y subordinación a los intereses extranjeros. Los nombres cambian, pero la lógica es la misma.
López Rega, aquel ministro todopoderoso en los años setenta, sentó las bases de un modelo represivo disfrazado de orden moral.
Su figura, envuelta en misticismo y violencia paraestatal, sirvió como antesala a la noche más oscura del país, pero también como laboratorio para disciplinar a una sociedad en vísperas de un reordenamiento neoliberal.
Menem, con su carisma televisivo y sus políticas de “primer mundo”, logró vender el espejismo de una Argentina moderna. Pero el costo fue altísimo: entrega del patrimonio nacional, desindustrialización, desempleo estructural y un aumento inédito de la desigualdad. Fue el gobierno del «todo por dos pesos», literalmente.
De la Rúa, en su rol de continuador sin convicción, profundizó el ajuste y quedó atrapado en una lógica económica que no era propia, pero que asumió como ineludible. Su renuncia en helicóptero no fue solo el fin de un gobierno, sino la bancarrota de todo un modelo.
Macri volvió con el mismo dogma: promesas de inversión, endeudamiento récord y una “revolución de la alegría” que devino en caída del salario real, inflación descontrolada y una crisis económica que dejó tierra arrasada.

Y ahora, Milei. Un personaje salido de los márgenes del sistema que hoy ocupa el centro del poder con una narrativa antipolítica, mesiánica y profundamente regresiva.
Su guerra contra el Estado es, en el fondo, una guerra contra los sectores más vulnerables. Con cada medida que anuncia, se siente un eco del pasado: tarifazos, recorte de subsidios, desregulación salvaje, sumisión ante el FMI. ¿Acaso no aprendimos nada?
El problema no es solo económico: es cultural, simbólico. Esta derecha no solo ajusta, también desprecia. Desprecia la política, lo colectivo, la memoria. Demoniza a los trabajadores organizados, a los movimientos sociales, a los organismos de derechos humanos. Instala un sentido común donde el Estado es un estorbo, y la pobreza es culpa de los pobres.
Lo más alarmante no es que estos modelos fracasen —porque siempre fracasan—, sino que siguen volviendo. ¿Qué nos pasa como sociedad que seguimos apostando a fórmulas que ya demostraron su toxicidad? ¿Qué vacío institucional, qué desesperanza o qué manipulación mediática permite que se reinstalen discursos que prometen libertad mientras ejecutan ajuste?
Hoy más que nunca, es necesario levantar la mirada histórica. Porque el presente, por más novedoso que se presente, está lleno de huellas del pasado. Y si no aprendemos de nuestras propias cicatrices, corremos el riesgo de volver a abrirlas una y otra vez.
La Argentina merece otro destino. Pero para alcanzarlo, primero hay que dejar de romantizar la motosierra.
*Periodista
