Percepción económica en caída : 2 de cada 10 argentinos dicen estar mejor con Milei
Los datos no solo reflejan un malestar extendido, sino que también plantean interrogantes sobre la sostenibilidad social del rumbo económico. La distancia entre las expectativas iniciales y la experiencia cotidiana de amplios sectores parece ampliarse, configurando un escenario donde la percepción de crisis deja de ser sectorial para convertirse en dominante.

Un nuevo relevamiento de las consultoras Alaska y Trespuntozero revela un marcado deterioro en la percepción económica de los argentinos desde la asunción de Javier Milei. En un contexto atravesado por el ajuste y la recesión, la mayoría de los encuestados asegura que su situación personal empeoró.
El dato central expone una tendencia difícil de relativizar: el 56% afirma estar peor que antes, mientras que apenas el 20,6% considera haber mejorado. En el medio, un conjunto menor declara no haber experimentado cambios significativos, aunque al agrupar las respuestas, el balance resulta claramente negativo. Dos tercios de los consultados se ubican en un escenario desfavorable, duplicando ampliamente a quienes perciben alguna mejora.
Más allá del promedio general, el estudio permite identificar cómo el impacto del ajuste se distribuye de forma desigual. En el Área Metropolitana de Buenos Aires, el deterioro es particularmente pronunciado, con más de tres cuartas partes de los encuestados reportando una situación adversa. Esta diferencia con el interior del país sugiere que los efectos de la recesión se concentran con mayor intensidad en los principales centros urbanos.
La brecha también se evidencia en términos de género: las mujeres manifiestan un nivel de afectación superior al de los varones, lo que pone en relieve cómo las crisis económicas tienden a profundizar desigualdades preexistentes. A su vez, el segmento etario de 30 a 49 años aparece como el más golpeado, probablemente por la combinación de responsabilidades familiares y pérdida de ingresos reales.
En contraste, los sectores más jóvenes muestran una mayor proporción de respuestas positivas, lo que podría interpretarse más como expectativa que como una mejora concreta en sus condiciones materiales.
El nivel educativo introduce otra dimensión crítica: los sectores con menor formación formal son quienes reportan el mayor deterioro, evidenciando que el ajuste impacta con más fuerza en los estratos más vulnerables.
