23 de junio de 2026

Aumenta la mora crediticia y expone el deterioro económico: familias y empresas al límite financiero

Lejos de ser un fenómeno aislado, el aumento de la mora aparece como un termómetro del deterioro económico general: ingresos que no acompañan, crédito cada vez más caro y un sistema que, en lugar de amortiguar la crisis, tiende a profundizarla.

El creciente incumplimiento en el pago de créditos se consolida como uno de los síntomas más visibles de la fragilidad económica actual. Un informe de la consultora 1816, difundido por la periodista Rosalía Costantino, anticipa datos preocupantes que el Banco Central de la República Argentina oficializaría en breve: la mora en préstamos personales y corporativos no solo crece, sino que ya supera niveles registrados en crisis anteriores.

El indicador de irregularidad —que mide atrasos superiores a 90 días— muestra una tendencia ascendente sostenida, impulsada por un cóctel de tasas de interés elevadas y una marcada caída del poder adquisitivo. Este escenario impacta de lleno en la capacidad de pago tanto de los hogares como del sector productivo.

En el caso de las familias, el deterioro es particularmente acelerado: desde octubre de 2024, la mora en el sistema bancario se cuadruplicó. Solo entre enero y febrero de 2026, el índice pasó del 10,6% al 11,2%, marcando un nuevo máximo en la serie histórica reciente. Este nivel supera incluso los registros observados durante la crisis financiera global de 2008-2009, la recesión de 2018-2019 y el período más crítico de la pandemia, lo que sugiere una presión inédita sobre los ingresos reales.

El sector empresarial tampoco queda al margen. Aunque con menor intensidad, la mora en compañías también muestra un leve pero persistente incremento, elevando el índice general del sector privado. Esto refleja un entramado productivo que comienza a resentirse ante la caída del consumo y el encarecimiento del financiamiento.

Sin embargo, el dato más alarmante emerge fuera del sistema bancario tradicional. Las plataformas digitales de crédito —donde muchos recurren ante la falta de acceso a préstamos formales— concentran los niveles más altos de incumplimiento. Allí, la mora de las familias roza el 30%, lo que implica que una proporción significativa de usuarios no logra afrontar sus deudas. Este fenómeno evidencia no solo la exclusión financiera, sino también la creciente dependencia de mecanismos más costosos y riesgosos.

En este contexto, la estructura de tasas juega un rol central. Los préstamos personales mantienen costos cercanos al 70% nominal anual, muy por encima de referencias más bajas del sistema financiero. Esta brecha no solo encarece el crédito, sino que termina erosionando la sostenibilidad de los pagos, alimentando un círculo vicioso de endeudamiento e incumplimiento.

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