Ni los actores se salvan, la policial los reprimió cuando se manifestaban en el Instituto Nacional del Teatro
Ni el arte escapa al ajuste ni los actores a la represión. Lo que debía ser una manifestación pacífica y simbólica en defensa del Instituto Nacional del Teatro (INT) terminó este domingo en un operativo policial desmedido que incluyó patrulleros, camiones y el despliegue del protocolo antipiquetes.

Artistas, referentes culturales y ciudadanos autoconvocados fueron sorprendidos por una respuesta estatal que, más que garantizar el orden, pareció buscar la intimidación.
La protesta consistía en un abrazo simbólico al edificio del INT, en la Avenida Santa Fe al 1200, y se organizó frente al inminente vaciamiento del organismo, tras el anuncio del Gobierno de trasladar su gestión a la órbita de la Subsecretaría de Cultura, en un claro proceso de degradación institucional. Para los actores, esto implica no solo una quita presupuestaria, sino un retroceso de décadas en las políticas públicas que han sostenido al teatro independiente en todo el país.
Un operativo desproporcionado frente a un reclamo legítimo
La imagen de efectivos armados rodeando artistas, adultos mayores y trabajadores de la cultura no tardó en generar repudio. La periodista Lucila Entin informó desde el lugar que la Policía aplicó el protocolo dispuesto por el Ministerio de Seguridad, evidenciando que el Gobierno nacional equipara una manifestación artística con una amenaza al orden público.
La actriz Georgina Barbarossa, presente en el acto, no sólo registró y difundió los hechos en sus redes sociales, sino que dio cuenta en una entrevista radial de la desmesura del operativo: “Éramos 200 actores, y vinieron 10 patrulleros, camiones y policías… parecía una invasión”, relató, agregando que estuvo a punto de ser detenida por cantar desde un banco.
Lejos de ser un hecho aislado, la represión a actores evidencia un patrón creciente: el Estado responde con fuerza a cualquier expresión pública de disenso, incluso a las provenientes del sector cultural, históricamente defensor del diálogo, la expresión libre y los derechos humanos.
Análisis: ¿Vaciamiento cultural o política del miedo?
El ataque al Instituto Nacional del Teatro se inscribe en una serie de decisiones del Gobierno de Javier Milei que prioriza el ajuste económico incluso a costa de desmantelar instituciones esenciales para la vida democrática y cultural del país. El INT es mucho más que un ente burocrático: es una herramienta clave de federalización del arte escénico, que sostiene a cientos de grupos y salas en todo el territorio nacional, especialmente en regiones donde el Estado es la única fuente de apoyo.
La represión del domingo deja en evidencia un doble desprecio: por la cultura como política de Estado, y por la protesta como forma legítima de expresión ciudadana. Frente a este panorama, la repregunta es obligada: ¿es la eficiencia económica un valor suficiente como para justificar la represión simbólica —y literal— del arte?
Cuando artistas son rodeados por policías por abrazar un teatro, el mensaje no es solo hacia ellos, sino hacia toda la sociedad. La cultura empieza a ser tratada como un enemigo interno, y en ese proceso no solo se apaga una voz: se apaga una luz sobre lo que somos y lo que podemos ser.
Un Estado que reprime artistas, ¿a quién va a escuchar?
La manifestación frente al Instituto Nacional del Teatro fue un grito pacífico que recibió como respuesta el silencio oficial y el ruido de botas. En tiempos donde se recorta donde más duele y se castiga donde más resiste, defender la cultura es defender la democracia. Y si algo quedó claro tras el abrazo simbólico, es que el teatro, como la memoria, no se rinde.
