Aunque la inflación se desacelera, una familia necesitó más de $1,53 millones en junio para no caer en la pobreza
La desaceleración de la inflación registrada en junio no evitó que el costo de vida continuara en aumento. Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), una familia tipo de cuatro integrantes necesitó ingresos mensuales por $1.531.473 para ubicarse por encima de la línea de pobreza, lo que refleja que, pese a la moderación del índice general de precios, las necesidades básicas siguen demandando un esfuerzo económico cada vez mayor.

El informe oficial indicó que la Canasta Básica Total (CBT), utilizada para medir el umbral de pobreza, registró una suba del 2,2% durante junio, un incremento superior al Índice de Precios al Consumidor (IPC), que ese mismo mes fue del 1,9%.
La diferencia evidencia que los bienes y servicios esenciales para el sostenimiento de un hogar continúan aumentando a un ritmo superior al promedio de la inflación.
Los valores difundidos por el organismo muestran que un hogar compuesto por dos adultos y dos niños requirió más de 1,53 millones de pesos para cubrir el conjunto de bienes y servicios considerados indispensables. En el caso de una familia de cinco integrantes, el ingreso necesario ascendió a $1.610.772, mientras que un hogar de tres personas necesitó $1.219.231. Para un adulto equivalente, la línea de pobreza quedó establecida en $495.622 mensuales.
El mismo fenómeno se observa en la Canasta Básica Alimentaria (CBA), que determina el umbral de indigencia. Aunque su incremento mensual fue del 1,3%, una familia tipo debió contar con $689.853 para cubrir exclusivamente sus necesidades alimentarias. En tanto, un hogar de cinco integrantes necesitó $725.573 y uno de tres personas requirió $549.203, mientras que el ingreso mínimo para un adulto equivalente se ubicó en $223.253.
En términos acumulados, tanto la Canasta Básica Total como la Alimentaria registran un aumento del 17% en el primer semestre de 2026. En la comparación interanual, la CBA avanzó un 36,3% y la CBT un 35,7%, porcentajes que reflejan una desaceleración respecto de años anteriores, aunque todavía elevados para el poder adquisitivo de los hogares.
Los datos vuelven a poner de manifiesto una de las principales tensiones de la actual coyuntura económica. Mientras el Gobierno destaca la reducción del ritmo inflacionario como uno de los principales logros de su programa económico, el costo de las canastas que definen las condiciones de pobreza e indigencia continúa creciendo y mantiene una fuerte presión sobre los ingresos familiares.
Desde una perspectiva económica, la desaceleración de la inflación constituye un indicador positivo para la estabilidad macroeconómica. Sin embargo, el hecho de que la Canasta Básica Total aumente por encima del índice general de precios plantea un desafío adicional: que la mejora estadística logre traducirse en una recuperación efectiva del poder de compra de los salarios y las jubilaciones.
En ese contexto, la evolución de los ingresos reales será un factor determinante para evaluar si la baja de la inflación puede convertirse en una mejora concreta de las condiciones de vida de la población.
