17 de mayo de 2026

Milei y Villarruel juntos pero distantes en el Te Deum del 25 de mayo

El próximo 25 de mayo, el presidente Javier Milei y la vicepresidenta Victoria Villarruel volverán a compartir un acto oficial tras meses de absoluto distanciamiento. El reencuentro tendrá lugar en la Catedral Metropolitana, durante el tradicional Te Deum que conmemora la Revolución de Mayo.

Sin embargo, más que una postal de unidad, la ceremonia se perfila como la escenificación de un vínculo político roto y una muestra cruda de la fragmentación interna del poder libertario.

El distanciamiento entre los líderes de La Libertad Avanza dejó de ser un rumor para convertirse en un hecho político visible. Desde hace semanas, la vicepresidenta evita pasar por la Casa Rosada —sede del Ejecutivo que integra—, mientras que Milei avanza con su agenda rodeado por un círculo que, según trascendidos, ya no considera necesario recomponer el vínculo con Villarruel.

El domingo será la primera vez en meses que ambos coincidan en un acto público, aunque la cercanía física no refleje un acercamiento real.

Una fórmula quebrada, un gobierno fragmentado

El deterioro de la relación entre el Presidente y la Vice es más que una anécdota personal: expone un problema estructural dentro del oficialismo, donde las diferencias internas ya no se procesan a través del diálogo político, sino mediante la indiferencia institucional. La presencia de Villarruel en el Te Deum, sin pasar por Balcarce 50 y evitando cualquier contacto protocolar previo, es un gesto claro de distancia deliberada y, a la vez, una señal del colapso del proyecto común con el que llegaron al poder.

Esta fractura tiene consecuencias concretas: la vicepresidenta, titular del Senado, ha comenzado a delinear un camino propio dentro del Congreso, en ocasiones desmarcándose del Ejecutivo, especialmente en temas de seguridad, defensa y gestión parlamentaria. La falta de interlocución entre ambos poderes del Estado debilita la gobernabilidad y acentúa el carácter personalista del proyecto de Milei, que parece más centrado en consolidar su liderazgo individual que en construir consensos internos.

Un Te Deum con mensaje: la Iglesia y el “ajuste sin sensibilidad”

El contexto en el que se dará este reencuentro no es menor. Será el primer Te Deum desde el fallecimiento del Papa Francisco, y se espera que el arzobispo Jorge García Cuerva —conocido por sus críticas a la insensibilidad social de las élites políticas— eleve una vez más la voz contra los efectos del ajuste económico. En 2023, García Cuerva advirtió sobre la necesidad de autocrítica en la dirigencia y cuestionó el divorcio entre la política y las demandas de la ciudadanía: “Nuestra gente está haciendo un esfuerzo muy grande, no podemos hacernos los tontos”, dijo entonces.

En este 2024, con una crisis socioeconómica más profunda y un gobierno que mantiene su plan de shock económico sin amortiguadores sociales, el mensaje eclesiástico podría incomodar aún más a un oficialismo que se muestra ajeno al drama cotidiano de millones de argentinos.

El acto también reunirá a otros actores con tensiones no resueltas con el oficialismo. Entre ellos, el jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, blanco de críticas de la Casa Rosada por la falta de acuerdos electorales entre el PRO y La Libertad Avanza en la Ciudad. La foto del Te Deum, por tanto, no solo será incómoda por el reencuentro entre Milei y Villarruel, sino también por la presencia de dirigentes con los que el Gobierno mantiene puentes rotos o en estado de guerra fría.

Protocolo para tapar el vacío

El 25 de mayo es una fecha cargada de simbolismo institucional y nacional. Pero en esta ocasión, la liturgia parece más destinada a tapar con protocolo lo que la política no logra recomponer: el vínculo entre los principales referentes del gobierno, la fragmentación de la alianza gobernante, y la falta de una narrativa común de poder.

En lugar de unidad, el Te Deum reflejará la soledad presidencial, la resistencia silenciosa del Congreso, y una creciente falta de coordinación que, de profundizarse, puede convertirse en un obstáculo estructural para la gestión de Milei. Mientras tanto, la ciudadanía mira, con escepticismo creciente, cómo la épica de la “nueva política” se desvanece entre roces, egos y distancias que ya no son simbólicas, sino profundamente políticas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *