Milei redobla su cruzada anti-Estado: «El ajuste es popular porque baja la inflación»
En definitiva, mientras el presidente profundiza su batalla cultural contra el Estado, los ciudadanos lidian con recortes, tarifas impagables y un modelo que, hasta ahora, no mejora su calidad de vida. La pregunta que queda flotando es: ¿Cuánto más puede durar este experimento libertario antes de que la propia realidad lo desborde?

En una nueva aparición mediática, el presidente Javier Milei volvió a cargar con fuerza contra la idea de un Estado presente, calificándolo de “interferencia” en los planes individuales de las personas.
Sus declaraciones, realizadas en una entrevista en A24 justo antes de su viaje al Vaticano, reavivan su ya conocida retórica libertaria, pero también dejan expuestas ciertas contradicciones y desconexiones con la realidad económica que atraviesa el país.
En medio de una crisis socioeconómica profunda, Milei se dio tiempo para teorizar sobre el «dilema de los prisioneros» y afirmar que “cuanto más Estado hay, menos puede planificar el ser humano”.
Pero, ¿a quién interpela hoy esta afirmación? ¿A los más de 20 millones de argentinos que dependen de algún tipo de asistencia estatal? ¿A los miles de trabajadores estatales despedidos? ¿O a los que ven cómo los servicios públicos se deterioran mientras se recorta el gasto?
Milei no solo insiste en que «el ajuste es popular porque baja la inflación», sino que sostiene que los sectores más vulnerables «son los más favorecidos» por su política económica. Esta afirmación no solo ignora los datos sobre aumento de la pobreza, caída del consumo y desplome del poder adquisitivo, sino que también intenta construir una narrativa heroica del ajuste, en la que el sufrimiento actual se traduce —según él— en promesas futuras.
En su defensa, el presidente apeló al cambio de hábito de los consumidores como explicación del retroceso en los datos del consumo tradicional: “Hoy te comprás un montón de cosas por Mercado Libre”. La argumentación busca minimizar el impacto del ajuste en la vida cotidiana de los argentinos, pero elude el dato concreto: hay menos plata en los bolsillos, menos alimentos en la mesa, y más incertidumbre sobre el futuro inmediato.
Además, el mandatario volvió a instalar el discurso del “fracaso del socialismo real”, enumerando cifras de muertos y caos económico, para justificar su modelo de Estado mínimo. Sin embargo, omite que muchos de los países más prósperos del mundo combinan altos niveles de libertad económica con fuertes estructuras estatales de protección social y desarrollo. Pero ese matiz no entra en su discurso binario.
La intervención de Milei, realizada en el marco de una entrevista al economista español Jesús Huerta de Soto —uno de sus referentes ideológicos—, sirvió más como manifiesto doctrinario que como explicación de la coyuntura. Y en ese punto, el contraste entre la teoría y la realidad argentina se vuelve insoslayable.
