Milei llegó a Bahía Blanca para supervisar la asistencia a los afectados tras el trágico temporal
Mientras las tareas de reconstrucción avanzan a un ritmo lento y muchas familias siguen sin soluciones concretas, la visita relámpago del jefe de Estado parece más un intento de control de daños que una respuesta efectiva a la crisis. La ausencia de declaraciones públicas y la falta de un plan de acción claro refuerzan la sensación de que el Gobierno llega tarde y sin la contundencia que la tragedia exige.

A seis días del trágico temporal que azotó Bahía Blanca, dejando al menos 16 muertos y una ciudad sumida en la devastación, el presidente Javier Milei aterrizó en la zona en un operativo rodeado de hermetismo y con una comitiva reducida.
Lejos de las multitudes y sin presencia de cámaras, el mandatario llegó a la ciudad bonaerense para reunirse con los ministros de Seguridad, Patricia Bullrich, y de Defensa, Luis Petri, quienes permanecen allí desde el fin de semana coordinando la asistencia a los damnificados. Sin embargo, su tardía aparición y el carácter reservado de su visita despertaron críticas y cuestionamientos entre la población y sectores de la oposición.
Desde el desastre, la respuesta del Gobierno ha sido objeto de controversia, con denuncias sobre la insuficiencia de los recursos destinados a la emergencia y la falta de presencia del propio presidente en los momentos más críticos. La llegada de Milei, en un contexto de creciente malestar social y con la ciudad aún luchando por reponerse, generó interrogantes sobre el verdadero alcance de su compromiso con las víctimas.
