7 de julio de 2026

Más mujeres recurren al cuentapropismo ante la falta de empleo formal: crecen la informalidad y el autoempleo

El mercado laboral argentino muestra una transformación que va más allá de las cifras generales de empleo. Cada vez más mujeres ingresan al mundo del trabajo, pero lo hacen, en gran medida, a través del cuentapropismo y de actividades informales, una tendencia que refleja tanto la necesidad de generar ingresos como las dificultades para acceder a puestos registrados y estables.

Foto: Gestión Sindical

Los datos de la Instituto Nacional de Estadística y Censos, relevados en la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), revelan que la informalidad alcanza a 8,5 millones de trabajadores y que el crecimiento del autoempleo tiene un marcado protagonismo femenino.

Las estadísticas muestran un cambio significativo en la composición del trabajo independiente. En 2012, las mujeres representaban el 34% del empleo por cuenta propia; en la actualidad esa participación asciende al 42%, lo que evidencia un incremento sostenido de quienes generan sus propios ingresos fuera del empleo asalariado tradicional.

La mayor parte de estas trabajadoras desarrolla actividades de baja escala y escaso nivel de protección social. Cerca de cuatro de cada diez se desempeñan en pequeños emprendimientos comerciales, como la venta de alimentos, ropa, productos de limpieza o cosméticos. Otras se dedican a servicios personales —como peluquería, estética o cuidados—, mientras que un porcentaje importante produce bienes de manera artesanal desde sus hogares.

Detrás de estas cifras aparece una realidad que excede el plano económico. Muchas de estas mujeres no solo deben crear su propia fuente de ingresos, sino que además continúan asumiendo la mayor parte de las tareas domésticas y de cuidado. De acuerdo con mediciones oficiales, destinan en promedio más de seis horas diarias a estas actividades, casi el doble del tiempo que dedican los hombres, lo que profundiza las desigualdades para acceder y sostener un empleo de calidad.

El fenómeno también fue analizado por el centro de estudios Fundar, cuyo director, Daniel Schteingart, sostiene que el principal cambio del mercado laboral no pasa únicamente por trabajadores que migran hacia plataformas digitales, sino por el creciente ingreso de mujeres que buscan insertarse laboralmente y, ante la falta de oportunidades en el empleo formal, terminan generando su propia ocupación.

En paralelo, los indicadores ponen en debate los resultados de la reforma laboral impulsada por el Gobierno nacional. La iniciativa fue presentada como una herramienta para promover la creación de empleo registrado, pero los datos disponibles hasta el momento muestran un escenario distinto: mientras el empleo formal retrocedió en el último año, aumentaron tanto el trabajo no registrado como el cuentapropismo.

Según el INDEC, la informalidad laboral alcanzó el 44,2% de los ocupados, el nivel más elevado desde que existen registros comparables. Al mismo tiempo, el empleo asalariado registrado mostró una caída, mientras que las modalidades más precarias de inserción laboral continúan expandiéndose.

Desde el Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas, encabezado por Claudio Lozano, sostienen que la evolución del mercado laboral contradice los objetivos planteados por la reforma oficial, al considerar que el crecimiento del empleo se concentra en formas de contratación más inestables y con menor nivel de protección.

A este escenario se suma la composición de la actividad económica. Un estudio de la Consultora C-P señala que los sectores que hoy muestran mayor dinamismo, como la minería, la energía, el agro y la pesca, tienen una participación relativamente reducida en la generación de empleo. En cambio, ramas intensivas en mano de obra, como la industria, la construcción y el comercio, continúan atravesando un contexto de menor actividad, limitando la creación de puestos de trabajo registrados.

En ese contexto, el avance del cuentapropismo femenino aparece menos como una señal de mayor autonomía económica que como una estrategia de supervivencia frente a un mercado laboral que ofrece cada vez menos oportunidades de empleo formal.

La creciente participación de las mujeres en actividades independientes refleja tanto una mayor incorporación al mundo del trabajo como las dificultades estructurales para acceder a empleos con estabilidad, ingresos previsibles y cobertura social.

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