Marcos Juárez cambia el mapa político: el peronismo vuelve a gobernar después de 53 años
Marcos Juárez, además, adquirió relevancia como señal política dentro de Córdoba. El resultado obliga a observar si se trata de un fenómeno estrictamente municipal o si expresa un reacomodamiento más amplio del electorado frente a la fragmentación de los espacios opositores y a las nuevas identidades políticas que atraviesan a la provincia.

El resultado de las elecciones municipales en Marcos Juárez marca un giro político de fuerte impacto simbólico para Córdoba. Con el 90% de las mesas escrutadas, Germán Font, candidato de Generación MJ, se impuso con el 56% de los votos y se convirtió en el primer dirigente peronista en acceder a la intendencia de la ciudad desde 1973.
Font, de 36 años e ingeniero agrónomo, construyó su trayectoria política principalmente en el ámbito agropecuario.
Participó en cooperativas del sector, fue Director Nacional de Juventud de la Federación Agraria Argentina y también integró la estructura del Ministerio de Bioagroindustria de Córdoba. Su triunfo adquiere particular relevancia en una localidad históricamente vinculada con el voto no peronista.
El segundo lugar quedó para Pedro Dellarrosa, quien obtuvo apenas el 20% de los sufragios, mientras que Gerardo Pasquali, de Marcos Juárez Despierta y representante de la Unión Cívica Radical junto al Partido Demócrata, alcanzó el 16,87%.
Más allá de la contundencia de la victoria de Font, otro dato que ayuda a explicar el resultado es la baja participación electoral.
De un padrón de 24.806 personas habilitadas, concurrió a votar aproximadamente el 63%, una cifra que introduce un elemento de cautela a la hora de interpretar la magnitud política del triunfo.
La elección también dejó en evidencia la dificultad de la oposición para articular una alternativa competitiva.
Siete listas participaron de la contienda y, según los datos difundidos durante la jornada, seis de ellas estuvieron encabezadas por dirigentes que habían tenido vínculos o recorridos previos en espacios como el PRO, el Partido Libertario, La Libertad Avanza o Encuentro Vecinal.
La dispersión del voto opositor aparece, de esta manera, como uno de los factores centrales para comprender el resultado.
En lugar de concentrarse detrás de una candidatura capaz de disputar el poder municipal, distintos sectores compitieron por separado, fragmentando un electorado que históricamente había sido adverso al peronismo.
El triunfo de Font, por lo tanto, no representa solamente el regreso del peronismo a una intendencia después de más de medio siglo.
También expone un cambio en las dinámicas políticas locales y demuestra que, incluso en territorios considerados tradicionalmente difíciles para el justicialismo, la combinación de una candidatura competitiva, una estructura territorial y una oposición dividida puede modificar el escenario electoral.
