5 de julio de 2026

Lilia Lemoine responsabiliza a los residentes del Garrahan por haber elegido estudiar medicina

En un nuevo y polémico capítulo de declaraciones oficiales que exhiben el desprecio del Gobierno por los sectores más vulnerables, la diputada de La Libertad Avanza, Lilia Lemoine, culpó este miércoles a los residentes del Hospital Garrahan por reclamar mejoras salariales, alegando que “estudiaron medicina sabiendo que los médicos están mal”.

En plena sesión especial del Congreso, donde se discuten temas tan delicados como la moratoria previsional, el bono a jubilados y la Ley de Emergencia en Discapacidad, la legisladora libertaria redobló la apuesta del oficialismo contra la protesta social con una combinación alarmante de cinismo, desconocimiento y crueldad.

Lemoine sostuvo, sin pudor, que quienes eligen una carrera como medicina deben asumir las consecuencias materiales de su vocación, separando sus “sueños” de su “responsabilidad laboral”. “Tenés que separar tus deseos de tu trabajo. Yo estudié algo que me daba una salida laboral rápida. No era lo que soñaba, pero ayudaba a mi familia”, afirmó. Lo que en apariencia suena a “realismo meritocrático” no es más que la justificación de un Estado ausente que traslada la culpa de sus fallas a los trabajadores esenciales.

Resulta especialmente grave que una diputada nacional desacredite así a médicos y médicas en formación que sostienen la salud pública con su esfuerzo, muchas veces cobrando sueldos por debajo de la línea de pobreza. Lemoine no sólo invisibiliza el rol crucial de los residentes, sino que sugiere que deberían haber elegido otra carrera si querían sobrevivir económicamente. Un planteo que no solo deshumaniza, sino que deja entrever una lógica de mercado aplicada al derecho a la salud: si no “rinde”, no se justifica.

El desprecio por la salud estatal como doctrina oficial

En su arenga, Lemoine fue más allá: afirmó que “la salud pública, mientras sea estatal, no va a estar muy bien que digamos”. Con esa frase, dejó en evidencia la matriz ideológica del oficialismo libertario: el vaciamiento del sistema público como paso previo a su privatización. En lugar de fortalecer los hospitales que garantizan el acceso a la salud para millones de personas, se ataca a quienes los sostienen, culpándolos de las propias falencias del Estado.

Este posicionamiento coincide con la estrategia del Gobierno de Javier Milei de recortar presupuestos en áreas clave —salud, educación, ciencia— mientras defiende a capa y espada el “déficit cero”, incluso si eso implica dejar sin atención a los pacientes pediátricos más vulnerables del país, como ocurre en el Garrahan. Que se ataque a los residentes por reclamar condiciones mínimas de dignidad laboral es no solo injusto, sino profundamente peligroso: desincentiva la vocación médica y pone en riesgo el futuro del sistema sanitario.

Ajuste con moralina: la deuda es del Estado, pero la culpa es del pueblo

Lejos de reconocer que el colapso del sistema previsional, de la salud o de los programas para personas con discapacidad es el resultado de años de subfinanciamiento —agravado ahora por el ajuste brutal de La Libertad Avanza—, Lemoine culpabiliza a quienes más padecen esas políticas. Para ella, los jubilados que no pueden vivir con la mínima, los pacientes sin cobertura y los médicos precarizados no son víctimas de un modelo excluyente, sino responsables de sus propias decisiones.

En esa lógica, el Estado sólo puede existir si no molesta al mercado. Cualquier intento por proteger a sectores vulnerables es visto como “populismo” o “gasto improductivo”. Por eso, Lemoine también respaldó con entusiasmo el veto presidencial anticipado a la Ley de Emergencia en Discapacidad y a la moratoria previsional, reafirmando que “no se puede gastar más de lo que se produce”. La pregunta que sigue sin respuesta es: ¿cuánto vale una vida para este Gobierno? ¿Cuánto cuesta garantizar un tratamiento médico a tiempo?

Una diputada sin empatía que desacredita incluso a sus colegas

Como si todo esto fuera poco, Lemoine cerró su intervención con una mezcla de resentimiento personal y ataques políticos al afirmar que los políticos “sobran” y que “ojalá ganaran menos que los médicos”, porque “así el Congreso estaría vacío de kukas”. Y apuntó directamente contra la vicepresidenta Victoria Villarruel, a quien acusó de designar como asesor a un hombre que ella denunció por violencia.

Este remate confirma que no se trata simplemente de ignorancia o torpeza: el discurso de Lemoine es parte de una narrativa que combina ultraliberalismo económico, antipolítica y desprecio por los derechos sociales. En esa fórmula, los médicos son culpables por ser pobres, los jubilados por haber trabajado sin aportes, y los pacientes por no tener recursos.

Un país que desprecia a quienes lo sostienen está destinado al colapso

La frase de Lemoine no es un exabrupto individual: es un síntoma de una visión de país en la que la salud es un privilegio y no un derecho, y donde la vocación por el otro es tratada como una debilidad. Argentina no puede construirse desde el cinismo ni desde la deshumanización. Sin médicos, sin residentes, sin salud pública, no hay sociedad que aguante. Y sin empatía, no hay política que valga.

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