La paradoja juvenil: descreimiento generalizado, fatiga política y demanda creciente de un Estado más presente
Los autores del estudio concluyen que no existe una nueva hegemonía juvenil, sino una disputa en curso por una representación vacante. En ese vacío conviven frustración, demanda de protección, necesidad de orden y desconfianza generalizada. La juventud, lejos de ser apática en un sentido clásico, aparece como un actor profundamente afectado por la crisis de legitimidad y en búsqueda de una identidad política que aún nadie sabe interpretar del todo.

Un estudio reciente elaborado por Zuban Córdoba y Asociados junto con el Observatorio de Opinión Pública de la Universidad Nacional de Villa María expone un fenómeno que interpela tanto a la dirigencia como a la sociedad: una juventud que expresa hastío, desconfianza y frustración hacia casi todas las instituciones, pero que al mismo tiempo reclama un Estado más activo y con mayor capacidad de intervención.
La encuesta, realizada entre jóvenes de 16 a 30 años, muestra un cuadro de contradicciones que obliga a repensar los vínculos entre política, representación y expectativas sociales.
Aunque el 62% afirma tener interés en la política, el 77% declara que esta le genera sentimientos negativos. Esta combinación revela una tensión estructural: desinterés no significa indiferencia, sino una participación que se activa desde la bronca, la confrontación y el desencanto frente a lo que los encuestados perciben como años de abandono estatal. La apatía, en este sentido, es menos un desinterés genuino que el síntoma de un deterioro prolongado de la confianza.
La desconfianza hacia las instituciones tradicionales es abrumadora. El 79% descree de los partidos políticos y los sindicatos, mientras que cerca del 75% desconfía del Congreso y de los medios de comunicación.
Lo llamativo es que esta deslegitimación también alcanza a actores antes valorados por el segmento más joven: el 65,1% desconfía de los colectivos feministas y el 56% de los colectivos LGBT+, un giro significativo en comparación con años recientes.
Sin embargo, este retroceso de la confianza en movimientos sociales no implica un viraje homogéneo hacia posiciones conservadoras. Por el contrario, el informe destaca un fuerte consenso en torno a la necesidad de un Estado activo: más del 83% respalda la provisión pública de salud y educación, el 68% exige protección para los sectores vulnerables y más de la mitad apoya la regulación estatal de áreas sensibles como los alquileres o el transporte. Incluso un 52% sostiene que los sectores de mayores ingresos deben afrontar una carga impositiva superior.
Esta identificación con un Estado protector convive, de forma paradójica, con posturas punitivas y restrictivas. Casi el 68% cree que la única forma de frenar el delito es mediante políticas de mano dura, y un 59% respalda limitar el ingreso de inmigrantes.
El diagnóstico revela una matriz emocional marcada por el miedo y la demanda de orden, pero simultáneamente por la expectativa de justicia social y presencia estatal.
Respecto al gobierno de Javier Milei, la juventud aparece dividida: un 45,1% considera que el país avanza en la dirección correcta, frente a un 41,8% que sostiene lo contrario. Las percepciones económicas personales también son heterogéneas, con un 38,3% que afirma haber empeorado y un 22,9% que dice haber mejorado.
No obstante, el dato más contundente sobre la representación política es la respuesta de mayor adhesión: el 34,6% sostiene que “nadie” piensa en la juventud. Esta ausencia simbólica abre un espacio político disponible, que ninguna fuerza parece haber logrado ocupar de forma convincente.
Los autores del estudio concluyen que no existe una nueva hegemonía juvenil, sino una disputa en curso por una representación vacante. En ese vacío conviven frustración, demanda de protección, necesidad de orden y desconfianza generalizada. La juventud, lejos de ser apática en un sentido clásico, aparece como un actor profundamente afectado por la crisis de legitimidad y en búsqueda de una identidad política que aún nadie sabe interpretar del todo.
