La interna del peronismo volvió a quedar expuesta en un acto de Axel Kicillof
Detrás de los discursos de unidad, el acto dejó al descubierto un peronismo atravesado por disputas de liderazgo, diferencias estratégicas y tensiones cada vez menos disimuladas entre quienes buscan conservar el control del espacio y quienes intentan construir una nueva centralidad política.

Las tensiones que atraviesan al peronismo bonaerense volvieron a quedar en evidencia durante un acto encabezado por el gobernador Axel Kicillof, donde militantes kirchneristas reclamaron públicamente por la situación judicial de Cristina Fernández de Kirchner y la respuesta de los sectores afines al mandatario provincial fue inmediata: “Axel presidente”.
El episodio ocurrió durante la apertura del curso de Formación Política organizado por el PJ bonaerense, en medio de una creciente disputa interna entre el espacio que lidera Kicillof y sectores vinculados a Máximo Kirchner y La Cámpora. La puja por el liderazgo dentro del peronismo ya no se limita a discusiones reservadas: empieza a expresarse de manera abierta en los actos partidarios y frente a la militancia.
Mientras Kicillof comenzaba su discurso, un joven interrumpió desde el público para exigir un pronunciamiento en favor de Cristina Kirchner, quien cumple prisión domiciliaria, y desplegó un cartel con la consigna “Cristina libre”. La situación derivó rápidamente en una demostración de fuerza política dentro del propio auditorio, donde seguidores del gobernador respondieron con cánticos de “Axel presidente”, marcando el creciente respaldo a su figura como posible referencia nacional del espacio.
Lejos de desactivar por completo el momento, Kicillof intentó encauzar la situación señalando que para avanzar políticamente “hay que transformar la Justicia y también nuestro país”. Luego hizo referencia a la nueva conducción del PJ bonaerense, actualmente bajo su órbita, lo que generó silbidos dirigidos a la gestión anterior encabezada por Máximo Kirchner. “Está bien compañeros”, atinó a decir el gobernador para bajar la tensión, aunque el malestar interno volvió a quedar expuesto.
El trasfondo de la disputa refleja algo más profundo que una diferencia táctica: una pelea por la conducción futura del peronismo. Desde hace meses, sectores del kirchnerismo duro resisten el crecimiento político de Kicillof y buscan limitar su protagonismo nacional. La falta de cohesión interna, según admiten incluso dirigentes del espacio, terminó debilitando electoralmente al peronismo en la provincia de Buenos Aires, en un contexto donde las disputas personales parecen pesar más que la construcción de un proyecto común.
Durante el acto, Kicillof buscó correrse parcialmente de la interna y enfocó su discurso en la formación política y en las críticas al modelo económico del presidente Javier Milei. Cuestionó la llamada “teoría del derrame”, defendida por el oficialismo nacional, y volvió a advertir sobre las consecuencias sociales del ajuste económico impulsado por el ministro Luis Caputo.
El gobernador también destacó la convocatoria del programa formativo, asegurando que más de 18.000 personas se inscribieron, lo que interpretó como una señal de interés y compromiso político en medio de un escenario de crisis económica y fragmentación partidaria.
Por su parte, el intendente de La Plata, Julio Alak, expresó respaldo a Kicillof, cuestionó la situación judicial de Cristina Kirchner y apeló a una consigna histórica del peronismo al asegurar que “van a volver a ser gobierno”.
