23 de mayo de 2026

La inflación y la medición del IPC en Argentina: una desconexión con la realidad

La administración de Javier Milei señaló la baja de la inflación como uno de sus principales logros. Sin embargo, esa afirmación no parece reflejarse en la experiencia cotidiana de los ciudadanos, quienes siguen enfrentando un constante aumento en los precios y una caída en el poder adquisitivo. La razón de esta discrepancia, según señalan varios expertos, radica en la forma en que se mide la inflación, con una metodología que, aunque reconocida como desactualizada, no ha sido modificada por la administración actual.

Recientemente, se conoció que la inflación de diciembre de 2024 fue del 2,7%, lo que llevó a un acumulado interanual de 117,8%. No obstante, este dato contrasta con lo que sienten los argentinos en sus bolsillos. A pesar de la caída en la inflación, los precios continúan siendo elevados y los salarios siguen perdiendo poder adquisitivo.

El conflicto está en las bases y ponderaciones utilizadas en el cálculo del Índice de Precios al Consumidor (IPC). Marco Lavagna, titular del INDEC, reconoció en septiembre de 2024 que se deberían hacer cambios en la medición, particularmente en la ponderación de los productos que componen la canasta. Sin embargo, y a pesar de las promesas de actualización para noviembre de 2024, el nuevo sistema aún no ha sido implementado, lo que genera dudas sobre la real intención de ajustar la medición para alinearla con la realidad económica de los argentinos.

El IPC es una de las principales herramientas utilizadas para medir la inflación en Argentina. Calculado por el INDEC, este índice se basa en la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHO) 2004-2005 y refleja los precios de una canasta representativa de bienes y servicios que consumen los hogares. Sin embargo, las bases de esa encuesta, que datan de hace más de 20 años, ya no se ajustan a la realidad actual, y eso afecta directamente los resultados del IPC.

Según el Consejo Profesional de Ciencias Económicas de CABA, la inflación es un fenómeno que impacta en todos los precios de una economía, pero la metodología del INDEC para medirla no cubre todas las realidades del mercado. A pesar de que se releva una amplia muestra de precios, los bienes y servicios que más aumentan de precio no siempre están ponderados de acuerdo con su peso real en el consumo de los hogares. Por ejemplo, la ponderación de alimentos y bebidas, que representa el 23,44% del gasto en el Gran Buenos Aires (GBA), tiene un impacto mucho mayor en la inflación que las tarifas de servicios públicos, que a pesar de los aumentos, tienen una ponderación relativamente baja en la canasta del IPC.

Fabián Amico, economista del CITRA-UMET-CONICET, sostiene que la modificación de las ponderaciones realizada en 2016 no refleja la realidad del consumo actual. Asegura que las tarifas de servicios como electricidad, gas y agua aumentaron considerablemente durante el gobierno de Mauricio Macri, lo que cambió las prioridades de consumo de los hogares, pero no así el cálculo del IPC.

Este desajuste se hace evidente cuando se observa el consumo actual de bienes y servicios, que ha cambiado significativamente en los últimos 20 años. A medida que los servicios digitales como internet, telefonía y streaming ganan protagonismo, el consumo de bienes tradicionales disminuye. Sin embargo, el cálculo de la inflación sigue basándose en patrones de consumo de hace más de dos décadas, lo que no refleja fielmente la realidad de los hogares argentinos.

El gobierno cuenta con datos más recientes, provenientes de la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares 2017-2018, que permitirían actualizar las ponderaciones del IPC y reflejar mejor los cambios en el consumo. De haberse utilizado esta información más actualizada, la inflación calculada estaría varios puntos por encima de la cifra que actualmente se publica, lo que refuerza la idea de que la medición sigue sin adaptarse completamente a la nueva realidad económica del país.

En conclusión, mientras el gobierno de Milei sigue presentando la baja de la inflación como un éxito, la desconexión entre los datos oficiales y la realidad económica de los argentinos es cada vez más evidente. La falta de actualización en la medición del IPC y la resistencia a realizar los ajustes necesarios impide tener una visión precisa de la inflación, lo que dificulta la toma de decisiones políticas y económicas que puedan mejorar la situación del país.

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