24 de agosto de 2026

La industria concentra el mayor golpe al empleo: perdió más de 85.000 puestos y crece el cierre de empresas

La pérdida de empleo registrado durante la gestión de Javier Milei tiene uno de sus principales focos en la industria manufacturera. Más de un tercio de los puestos de trabajo asalariados privados que desaparecieron desde fines de 2023 corresponden a este sector, mientras miles de empresas dejaron de operar y la informalidad ganó terreno.

Rusty padlock and chain on gates of closed automobile plant

Los datos oficiales del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) muestran que entre noviembre de 2023 y mayo de 2026 se destruyeron 241.176 empleos asalariados privados registrados en el país. De ese total, 85.561 correspondieron a la industria manufacturera, equivalente al 35,5% de la pérdida total.

La magnitud del retroceso adquiere mayor dimensión al considerar que la industria no sólo perdió puestos de trabajo, sino también capacidad productiva. Si la comparación se realiza con el máximo de empleo fabril alcanzado en agosto de 2023, la caída llega a 89.667 puestos, una reducción acumulada del 7,5%.

El segundo sector más afectado fue la construcción, con 62.747 empleos registrados menos. Entre la industria y la construcción explican el 61,5% de toda la destrucción de empleo formal registrada desde noviembre de 2023. El dato expone que el deterioro no se distribuye de manera homogénea: golpea con particular fuerza a actividades intensivas en mano de obra y estrechamente vinculadas con el mercado interno.

Dentro de la industria, algunos sectores exhiben un retroceso especialmente pronunciado. Textiles, confecciones, cuero y calzado encabezan las pérdidas, con una disminución del 23% respecto de agosto de 2023 y 28.088 empleos menos. La industria metalmecánica también sufrió una fuerte contracción, con 21.384 puestos perdidos, equivalentes a una caída del 9%.

La destrucción laboral alcanzó además a la industria automotriz y de neumáticos, que perdió 9.552 puestos; madera, papel e impresión, con 6.241; y química y petroquímica, con 5.453. Incluso ramas con mayor resistencia, como alimentos y tabaco, terminaron registrando una baja, aunque mucho más moderada, de 856 empleos.

El deterioro del empleo industrial también tiene una segunda cara: el avance de la informalidad. De acuerdo con el Observatorio Económico Social de la Universidad Nacional de Rosario, la proporción de trabajadores informales dentro de la industria manufacturera pasó del 32,2% en 2016 al 40,8% durante el primer trimestre de 2026.

A la pérdida de puestos registrados se suma el crecimiento del trabajo por cuenta propia. La participación de los cuentapropistas entre los ocupados aumentó del 21,1% en 2017 al 24,5% en 2025. Y la precariedad es considerablemente mayor dentro de este grupo: en el primer trimestre de 2026, el 65,3% trabajaba en condiciones informales, frente al 37,9% de los asalariados.

El fenómeno sugiere que una parte de quienes quedan fuera del empleo formal no necesariamente abandona el mercado laboral, sino que busca alternativas de subsistencia en actividades independientes y con menor protección. De esta manera, la caída del empleo registrado puede estar acompañada por una transformación hacia formas de trabajo más precarias.

Menos empresas y un tejido productivo en retroceso

La contracción del empleo tiene como correlato la reducción de la cantidad de empresas activas. Según el Monitor mensual de empresas de Fundar, elaborado a partir de estadísticas oficiales, en mayo de 2026 dejaron de funcionar 2.371 empresas respecto del mes anterior.

La comparación interanual resulta todavía más significativa: en mayo había 16.560 empresas menos que un año antes, una reducción del 3,3%. Si se toma como punto de partida noviembre de 2023, el número de empresas registradas que dejaron de operar asciende a 30.633, equivalente al 6% del tejido productivo nacional.

Los mayores retrocesos se concentraron en transporte y almacenamiento, con una caída del 17,05%; actividades inmobiliarias, con 13,81%; y construcción, con 9,34%.

El deterioro, además, tuvo una extensión territorial prácticamente generalizada. Veintitrés de las 24 provincias registraron una reducción en la cantidad de empresas, con Neuquén como única excepción. Allí, el impulso de la minería y particularmente de Vaca Muerta funciona como un contrapeso frente a la retracción de otras actividades.

Los números muestran así un proceso que va más allá de la simple pérdida de puestos laborales. La combinación de cierre de empresas, menor empleo registrado, aumento del cuentapropismo y expansión de la informalidad plantea un escenario de debilitamiento del tejido productivo.

La cuestión central ya no es sólo cuántos empleos se perdieron, sino qué tipo de mercado laboral está emergiendo detrás de esa destrucción. Si el empleo formal es reemplazado por trabajos informales o de menor productividad y si las empresas que desaparecen no son sustituidas por nuevas unidades productivas, el problema deja de ser coyuntural y adquiere una dimensión estructural para la economía argentina.

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