24 de agosto de 2026

La caída de la demanda obliga a Stellantis a reducir la producción en Córdoba y vuelve a encender las alertas en la industria automotriz

La desaceleración de la demanda interna y externa comienza a trasladarse con mayor intensidad a las plantas automotrices argentinas. En Córdoba, el Polo Industrial Ferreyra, donde Stellantis produce el Fiat Cronos, la Fiat Titano y la RAM Dakota, ajustará su ritmo de fabricación ante la menor cantidad de pedidos, especialmente en el segmento de pickups.

Aunque la compañía no anunció suspensiones ni despidos, la reducción del nivel productivo vuelve a generar incertidumbre entre los trabajadores y expone las dificultades que atraviesa una industria que depende fuertemente de la evolución del mercado brasileño y de las exportaciones regionales.

Stellantis confirmó que el complejo cordobés adecuará sus procesos de producción “en línea con la evolución de la demanda” tanto en el mercado argentino como en el exterior. La empresa, al mismo tiempo, destacó el carácter estratégico de Ferreyra para sus operaciones sudamericanas y aseguró que mantiene sus planes de inversión en el país.

La situación presenta una particular contradicción. Mientras la fábrica reduce su ritmo de actividad por la debilidad de la demanda, la compañía acaba de comprometer una inversión de US$380 millones para desarrollar un polo especializado en pickups y construir una planta de motores. El proyecto contempla la fabricación del propulsor Multijet 2.2 a partir de 2027.

La apuesta de largo plazo, sin embargo, convive con un escenario inmediato mucho más complejo. La menor demanda de vehículos afecta tanto al mercado argentino como a las exportaciones, en un contexto regional donde las marcas chinas ganan participación y aumentan la presión competitiva sobre los fabricantes tradicionales.

El mercado brasileño adquiere en este escenario una importancia decisiva. Brasil es el principal destino de los vehículos producidos en Argentina, por lo que cualquier cambio en el nivel de consumo de ese país repercute rápidamente sobre las terminales locales. La menor demanda regional obliga a las automotrices a revisar sus volúmenes de producción y genera un escenario de mayor volatilidad para las plantas y sus trabajadores.

La situación de Stellantis no constituye un caso aislado. Ford también resolvió reducir el volumen diario de producción de la Ranger en su planta de Pacheco, en la provincia de Buenos Aires. El ajuste alcanzaría aproximadamente al 17% y responde a la necesidad de adecuar la fabricación a la demanda regional.

La dependencia exportadora explica buena parte de esta dinámica. Cuando una proporción significativa de la producción tiene como destino otros mercados, las decisiones sobre empleo y fabricación dejan de depender exclusivamente del consumo interno y quedan atadas a variables externas que las empresas no controlan.

Los datos de la Asociación de Fabricantes de Automotores (ADEFA) muestran las luces y sombras del sector. Durante el primer semestre de 2026 se exportaron 150.270 vehículos, por encima de los 147.849 enviados al exterior en igual período de 2025. Sin embargo, la comparación debe hacerse con cautela: el año anterior ya había registrado una caída del 10%, por lo que el crecimiento actual todavía no implica una recuperación sólida del sector.

En materia de producción, el panorama resulta más preocupante. ADEFA registró una contracción del 18% durante el primer semestre de 2026. Parte de la caída está relacionada con plantas que operan a menor capacidad mientras adaptan sus líneas para nuevos proyectos, como ocurre con Volkswagen y su producción de Amarok y con Renault, que prepara el lanzamiento de la Niágara.

El problema de fondo es que la industria automotriz argentina atraviesa una etapa de transición marcada por fuertes inversiones, cambios de modelos, menor demanda y una competencia internacional cada vez más intensa. Esa combinación genera una dinámica productiva difícil de prever, en la que las empresas aumentan o reducen turnos y volúmenes con rapidez.

Para los trabajadores, la incertidumbre se convierte en una de las principales consecuencias. Aunque en Córdoba no se anunciaron por ahora despidos ni suspensiones, una reducción de la producción siempre genera interrogantes sobre el futuro de los puestos laborales, especialmente en una industria donde las decisiones de las terminales impactan también sobre una extensa red de autopartistas y proveedores.

El escenario plantea, además, un desafío para la política industrial. Las inversiones anunciadas pueden fortalecer la capacidad productiva argentina en el mediano plazo, pero su impacto dependerá de que exista una demanda capaz de absorber los vehículos fabricados y de que el país pueda sostener su competitividad frente al avance de nuevos jugadores, particularmente de origen asiático.

La industria automotriz vuelve así a quedar atrapada entre dos fuerzas contrapuestas: proyectos de inversión millonarios que apuntan al futuro y ajustes productivos provocados por una demanda que, en el presente, no acompaña. Esa tensión explica buena parte de la volatilidad del sector y mantiene abierta la preocupación por el impacto que los cambios de ritmo productivo puedan tener sobre el empleo.

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