24 de agosto de 2026

La desigualdad salarial se profundizó durante el gobierno de Milei y la brecha entre hombres y mujeres llegó al 29%

La distancia entre los ingresos de varones y mujeres volvió a ampliarse en Argentina y alcanzó niveles que marcan un retroceso respecto de la tendencia que se había observado en los años previos. Según datos de la Oficina de Datos de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), la brecha salarial pasó del 21% en 2023 al 27% en 2024 y llegó al 29% en 2025.

El dato revela una contradicción en la evolución reciente de la desigualdad: mientras el coeficiente de Gini registró una leve mejora entre 2024 y 2025, al pasar de 0,430 a 0,427, la distancia entre los ingresos laborales de hombres y mujeres siguió aumentando. Es decir, una eventual mejora agregada en la distribución del ingreso no necesariamente se traduce en una reducción de las desigualdades que atraviesan particularmente a las trabajadoras.

Las causas, según especialistas, deben buscarse más allá de una eventual diferencia salarial directa por igual tarea. La estructura del mercado laboral y la desigual distribución de las responsabilidades domésticas y de cuidado condicionan fuertemente las posibilidades de acceso, permanencia y crecimiento de las mujeres en empleos remunerados.

Agustina Barman, economista e integrante de la Oficina de Datos de la UNR, explicó que las mujeres presentan una inserción laboral más precaria y, por esa razón, suelen quedar más expuestas cuando la actividad económica se contrae. En ese contexto, los despidos registrados en el Estado —un ámbito con una elevada participación femenina— y el congelamiento de salarios en sectores fuertemente feminizados, como Educación y Salud, tuvieron un impacto particularmente significativo sobre las trabajadoras.

La situación evidencia que la brecha salarial no puede analizarse únicamente como una cuestión de remuneraciones. También refleja una desigual distribución del tiempo. En el Gran Rosario, siete de cada diez personas que realizan tareas domésticas son mujeres, según el informe de la UNR. Esa carga adicional reduce las horas y las oportunidades que pueden destinar al empleo formal y remunerado.

Los datos de la red Acuerdo Nacional por los Cuidados muestran la magnitud de esa desigualdad. Las mujeres destinan un promedio de 6,31 horas diarias al trabajo no remunerado, frente a las 3,40 horas de los varones. Al mismo tiempo, ellos dedican 9,06 horas al trabajo remunerado, mientras que ellas destinan 7,34 horas.

La consecuencia también aparece en las tasas de participación laboral. Mientras aproximadamente siete de cada diez varones forman parte del mercado de trabajo, entre las mujeres la proporción se reduce a cinco de cada diez. La diferencia no responde solamente a decisiones individuales: está vinculada con quién asume las tareas que sostienen cotidianamente a los hogares.

El retroceso de las políticas públicas de cuidado constituye otro de los factores señalados por las especialistas. Lucía Cirmi, economista de Futuros Mejores, sostuvo que durante la gestión de Milei la brecha pasó del 25% al 29% y vinculó el incremento con la eliminación de políticas destinadas a reducir las desigualdades de género. Según esa organización, 48 de las 50 políticas de cuidado existentes fueron desmanteladas.

El efecto de esta situación es que responsabilidades que antes podían ser parcialmente absorbidas por políticas públicas vuelven a recaer sobre las familias y, dentro de ellas, principalmente sobre las mujeres. De este modo, el ajuste no sólo tiene una dimensión presupuestaria: también modifica la distribución del tiempo y del trabajo no remunerado.

Los datos del INDEC correspondientes al cuarto trimestre de 2025 permiten dimensionar la desigualdad en términos concretos. El ingreso promedio de los varones alcanzó los $1.191.364, mientras que el de las mujeres fue de $838.336. La diferencia entre ambos ingresos representa una brecha del 29,6%.

El problema tampoco termina con la vida laboral. Las desigualdades acumuladas durante décadas de menor participación, mayor informalidad y menores ingresos terminan trasladándose al sistema previsional. En Santa Fe, más del 80% de las jubiladas accedieron al beneficio mediante moratorias y sus haberes son considerablemente inferiores a los de los varones.

La evolución de estos indicadores plantea así un problema que excede la coyuntura salarial. La ampliación de la brecha durante los últimos años muestra cómo las decisiones económicas y laborales pueden profundizar desigualdades preexistentes cuando se reducen políticas de protección y cuidado. En ese escenario, la desigualdad entre hombres y mujeres no sólo se mantiene: vuelve a ganar terreno y amenaza con consolidarse como una de las consecuencias menos visibles del actual modelo económico.

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