24 de agosto de 2026

Investigador de la UNSE precisa el impacto de pasar demasiadas horas pegados al celular

Maximiliano Budán, doctor en Ciencia de la Computación, especialista en IA y docente e investigador de la Facultad de Ciencias Exactas y Tecnologías de la Universidad Nacional de Santiago del Estero (UNSE), brindó detalles del impacto cognitivo, social y físico que causa el uso abusivo de los dispositivos móviles en la vida cotidiana.

Según estudios neurologicos y neurolingüísticos, en Argentina el consumo digital tiene un promedio diario que oscila entre las 9 y 9,5 horas frente al celular en la población adulta, mientras que en los adolescentes la cifra escala hasta las 12 horas por día.
Esta permanencia continua frente a los dispositivos no solo interrumpe los momentos de encuentro familiar y deteriora la interacción cara a cara, sino que atenta de forma directa contra la capacidad reflexiva del ser humano.

El especialista de la UNSE aclaró que la tecnología no debe observarse desde una postura trágica o catastrofista, pero enfatizó la necesidad urgente de construir un sentido crítico sobre su uso para no delegar el propio pensamiento a los algoritmos. «Un martillo sirve para construir cosas buenas, pero también para hacer cosas malas; el tema es para qué lo usamos y en dónde metemos los dedos», graficó Budán.

El escenario resulta todavía más complejo durante las infancias. La entrega temprana de teléfonos móviles a niños de entre 8 y 9 años —quienes llegan a consumir entre 3 y 5 horas diarias de pantalla— bloquea instancias decisivas del desarrollo biológico, intelectual y emocional, privándolos del juego, de la socialización con sus pares y de los espacios de ocio necesarios para estimular el aprendizaje.

Por otra parte, la evidencia científica y los diagnósticos educativos ya muestran consecuencias drásticas en la salud física e intelectual de las nuevas generaciones.

En el plano cognitivo, la falta de instancias de análisis individual se traduce en severas fallas de comprensión lectora y en un descenso vertiginoso en el rendimiento académico de evaluaciones internacionales como las pruebas PISA. En el aspecto anatómico y de salud biológica, la exposición desde edades tempranas provoca severos trastornos del sueño, problemas de visión que requieren corrección óptica en niños de apenas 2 o 3 años y deformaciones posturales visibles en el cuello y la columna por inclinarse sistemáticamente hacia el dispositivo.

El desafío central, concluyó el doctor Budán, radica en establecer límites claros antes de que la dependencia tecnológica termine anulando lo más distintivo de la condición humana. «Cuando dejamos de tener pensamiento crítico, dejamos de existir; no podemos delegar todo a la inteligencia artificial o a un teléfono porque si no, perdemos días enteros de nuestra vida», advirtió.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *