La fiscalía rechazó el pedido de prisión domiciliaria de Cristina Kirchner: se reaviva tensiones políticas y jurídicas
En una decisión que promete renovar el debate político y judicial en la Argentina, los fiscales Diego Luciani y Sergio Mola recomendaron al Tribunal Oral Federal 2 rechazar el pedido de prisión domiciliaria presentado por la defensa de Cristina Fernández de Kirchner.

La fiscalía argumentó que no existen razones humanitarias ni de salud que justifiquen una medida excepcional como la prisión domiciliaria. Los fiscales se basaron en el informe socioambiental presentado el 12 de junio, en el cual Kirchner reconoció encontrarse en buen estado general de salud.
“La privación de la libertad en un establecimiento carcelario no supone, por sí misma, un menoscabo de la vida o la integridad de Fernández”, afirmaron en un dictamen no vinculante pero que deja al Tribunal en condiciones de resolver.
El Ministerio Público también desestimó los argumentos vinculados a la edad (Cristina Kirchner tiene 72 años), subrayando que ni la legislación ni la jurisprudencia habilitan automáticamente a una persona mayor a cumplir su condena en su domicilio. Como ejemplo, citaron el caso del ex secretario de Transporte Ricardo Jaime, quien a pesar de haber superado los 70 años y presentar problemas de salud, continúa preso en la cárcel de Ezeiza.
Además, los fiscales refutaron los motivos de seguridad esgrimidos por la defensa tras el intento de asesinato que sufrió Kirchner en 2022. Aclararon que el Ministerio de Seguridad ha garantizado las condiciones para preservar su integridad física en un penal.
Este dictamen no es solo una pieza jurídica: tiene un innegable trasfondo político. Luciani y Mola son los mismos fiscales que protagonizaron el alegato más duro en el juicio por la causa Vialidad, y su rechazo al pedido de prisión domiciliaria refuerza la narrativa de “igualdad ante la ley” que han buscado instalar desde que comenzó el proceso contra la ex mandataria. Sin embargo, también puede ser leído como un gesto de continuidad de una disputa que trasciende lo legal y se mueve en el campo de las tensiones institucionales.
Kirchner, por su parte, ha insistido en que es víctima de una persecución judicial, un discurso que forma parte del núcleo duro del kirchnerismo, y que se reactiva cada vez que la Justicia avanza sobre su figura. La resolución final del Tribunal, que aún no se ha pronunciado, se convertirá en otro punto de inflexión: o bien consolidará el argumento de la persecución, o reforzará la idea de un cambio de época en la Justicia argentina.
En cualquier caso, el dictamen fiscal vuelve a ubicar en el centro del debate a Cristina Kirchner, aún sin ocupar cargos públicos, y demuestra que su figura continúa siendo un eje de polarización política, judicial y mediática. La definición del Tribunal será seguida con atención, no solo por sus implicancias legales, sino por su inevitable repercusión en el escenario político argentino.
