31 de agosto de 2026

La doble cara del crédito en la economía de plataformas

Un reciente informe del Banco Central de la República Argentina (BCRA) revela un fenómeno alarmante: el trabajador de plataformas no solo genera ingresos para la app, sino que se está endeudando con ella, en un ciclo que sindicalistas califican como una «dependencia muy grande hacia las empresas».

En la economía de las aplicaciones de delivery, el sueño de la «flexibilidad» y la «inclusión financiera» se está convirtiendo en una pesadilla de dependencia económica.

Según datos del BCRA, la cantidad de deudores de este tipo creció un 122% en lo que va de 2025, tras una expansión del 177% entre 2023 y 2024. La paradoja es cruel: quienes no tienen acceso al sistema bancario tradicional por falta de «scoring crediticio», ahora son evaluados por las propias plataformas mediante «métricas de desempeño» (antigüedad, tasa de aceptación de viajes y calificación de usuarios). Cuanto más productivo y disponible es el repartidor, más «elegible» es para endeudarse.

La trampa de la productividad y las tasas usurarias

Belén D’Ambrosio, secretaria general del Sindicato de Trabajadores de Reparto (Sitrarepa), denuncia que la tasa de interés de estos créditos puede alcanzar el 700 por ciento anual. «Estos préstamos deberían estar regulados por el Estado», afirmó a Clarín.

El crédito no es universal; es «selectivo». Las apps premian con financiamiento a quienes trabajan más horas y en horas pico, incentivando una extensión de la jornada laboral. «Tenemos situaciones de compañeros que extienden su jornada laboral solo para devolver los préstamos», explicó D’Ambrosio. El destino del dinero, en su mayoría, es la compra o reparación de bicicletas y motos, es decir, la propia herramienta de trabajo. El trabajador se endeuda para poder seguir trabajando para quien le presta el dinero.

El negocio detrás de la «inclusión»

Mientras los trabajadores reciben préstamos que, según el BCRA, promedian los 900 mil pesos per cápita a fines de 2025 (los comercios adheridos deben siete veces más), las empresas se presentan como agentes de bancarización.

►Banco Galicia firmó un convenio con Rappi para ofrecer «soluciones de pago y financiamiento».

►Pedidos Ya asegura haber otorgado 57 mil créditos por 84 millones de dólares, con líneas a seis meses que «no pueden superar el 30% de sus ingresos».

Sin embargo, la letra chica de este modelo es la precariedad. D’Ambrosio lo grafica con crudeza: «Estamos cobrando $1.500, $2.000 o $3.000 por pedido, y la comisión es independiente del precio del pedido». Con ese ingreso base, cualquier deuda, incluso si es «solo» el 30% de lo que ganan, se vuelve una losa imposible de levantar cuando se trabaja 12 horas al día para cubrir gastos fijos.

El BCRA define a la «economía gig» como un ecosistema de servicios de corto plazo, alejado de los contratos tradicionales. Pero este informe del propio Banco Central, que señala que «las plataformas están financiando a su propia base de trabajadores», revela la creación de un cautiverio financiero moderno.

Lo que para las apps es un «esquema alternativo al scoring bancario», para el trabajador es una puerta giratoria: no se gana lo suficiente, se pide un préstamo para la herramienta, se trabaja más horas para pagarlo, y el interés compuesto (hasta del 700% anual) asegura que la deuda nunca desaparezca del todo. La situación deja al descubierto un vacío regulatorio donde las empresas son juez y parte: definen quién merece crédito, a qué tasa y en qué condiciones, mientras el Estado observa el fenómeno, pero aún no interviene.

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