La disputa por la Hidrovía reaviva sospechas de favoritismo de empresarios vinculados al círculo íntimo del poder
La licitación de la Hidrovía dejó de ser únicamente una discusión técnica sobre infraestructura y navegación. Para distintos sectores opositores y analistas económicos, el proceso se transformó en un caso testigo sobre cómo se redistribuyen negocios estratégicos durante la gestión libertaria y qué nivel de influencia conservan los círculos empresariales más cercanos al poder político.

La recta final de la licitación de la Hidrovía Paraná-Paraguay, uno de los negocios más estratégicos y millonarios de la Argentina, volvió a quedar bajo la lupa por presuntos vínculos entre empresarios cercanos al oficialismo y compañías con posibilidades de quedarse con la concesión.
El proceso licitatorio, que definirá quién administrará durante las próximas tres décadas el dragado y balizamiento de la principal vía de exportación del país, enfrenta a las firmas belgas Jan de Nul y DEME. Sin embargo, detrás de la competencia técnica y económica comenzó a instalarse una discusión política sobre la influencia de sectores ligados al asesor presidencial Santiago Caputo dentro de un negocio que mueve entre 200 y 300 millones de dólares anuales.
Las sospechas crecieron luego de que se conocieran los vínculos entre el grupo empresario Neuss Capital y Jan de Nul. Según revelaciones periodísticas, los hermanos Juan, Patricio y Georgi Neuss mantienen una relación de larga data con Santiago Caputo, uno de los funcionarios de mayor peso dentro del esquema de poder libertario.
La controversia no se limita únicamente a la Hidrovía. En los últimos meses, empresas vinculadas al grupo Neuss comenzaron a expandirse aceleradamente en sectores estratégicos como energía e infraestructura, pese a contar con escasa trayectoria previa en esas áreas. A través de Edison Energía —una firma creada recientemente— el grupo logró quedarse con activos relevantes como Transener y concesiones hidroeléctricas en la región del Comahue.
Ese crecimiento despertó cuestionamientos sobre las condiciones de las licitaciones adjudicadas. Distintos sectores señalaron que los requisitos técnicos exigidos en algunos concursos resultaban considerablemente bajos para operaciones de semejante magnitud, lo que alimentó sospechas de posibles beneficios indirectos hacia empresarios cercanos al oficialismo.
En el caso de la Hidrovía, el foco está puesto en la etapa final de evaluación económica. Aunque Jan de Nul obtuvo mejores puntajes en las primeras instancias técnicas, DEME aún conserva posibilidades de revertir el resultado mediante la oferta tarifaria final, considerada determinante dentro del proceso.
Sin embargo, más allá de qué empresa resulte adjudicataria, las miradas apuntan a las compañías que podrían ingresar como contratistas secundarias dentro del negocio. Allí aparece nuevamente Neuss Capital junto a otros grupos empresariales históricamente vinculados al sector de infraestructura y dragado.
La relevancia económica de la Hidrovía explica la sensibilidad política del tema. Por ese corredor fluvial circula cerca del 80% de las exportaciones argentinas, lo que convierte a su control en una pieza estratégica tanto para el comercio exterior como para la recaudación de divisas.
A la discusión empresarial se suma además un trasfondo geopolítico. Medios nacionales señalaron que detrás de Jan de Nul existirían intereses vinculados a capitales chinos, mientras que DEME tendría respaldo asociado a sectores estadounidenses. Aunque la licitación prohíbe formalmente la participación de empresas estatales extranjeras, el debate sobre la influencia indirecta de potencias internacionales volvió a instalarse en torno a un activo clave para la economía argentina.
El proceso también expuso tensiones sobre la transparencia de la licitación. Especialistas y exfuncionarios cuestionaron el esquema planteado por el Gobierno, calificándolo como costoso y con escasa competencia efectiva. Las críticas apuntan a la falta de pluralidad de oferentes y a la concentración de decisiones estratégicas en torno a un reducido grupo de actores económicos.
En paralelo, los vínculos políticos y financieros entre empresarios beneficiados y estructuras cercanas al oficialismo alimentan nuevos interrogantes. El grupo Neuss aparece además relacionado con el financiamiento de espacios alineados con La Libertad Avanza, entre ellos la Fundación Faro, ligada ideológicamente al armado político del oficialismo.
