La carne no da tregua: subió un 4,1% en abril y acumula un 24% en lo que va del año
Mientras el poder adquisitivo se erosiona, los precios de los cortes más consumidos siguen en ascenso. Las subas afectan con más fuerza a los sectores populares y reflejan una preocupante disparidad geográfica y social.

La mesa de los argentinos vuelve a sentir el rigor de los precios. Según un relevamiento del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), los cortes de carne vacuna aumentaron en promedio un 4,1% durante abril, acumulando una suba del 24,07% en apenas los primeros cuatro meses del año.
En términos interanuales, la suba alcanza el 60,1%, un ritmo que supera la evolución de muchos salarios y marca una tendencia preocupante para el consumo interno.
La aceleración en el precio de la carne no ocurre en un vacío: en un contexto de recesión económica, caída del poder adquisitivo y aumento de la pobreza, los alimentos más básicos siguen encareciéndose. La carne, símbolo cultural y nutricional de la dieta nacional, se vuelve cada vez más inaccesible para millones de hogares.
Subas desparejas: ¿quién paga más?
El informe revela disparidades significativas tanto en términos geográficos como socioeconómicos. En el sur del Gran Buenos Aires, la carne subió un 5,1%, mientras que en el norte lo hizo un 6,1%. En cambio, en Capital Federal el aumento fue del 2,4%, lo que sugiere que los sectores más vulnerables —habitualmente concentrados en las periferias urbanas— están siendo los más golpeados.
La segmentación también se observa al comparar los niveles socioeconómicos de los barrios: en las carnicerías que atienden a sectores altos, el precio de la carne aumentó 2,7%, mientras que en los barrios de nivel bajo la suba fue del 3,4%. Esta desigualdad en los aumentos no es menor: refleja una dinámica regresiva del mercado, en la que quienes menos tienen, terminan pagando más.
El pollo y el cerdo tampoco se quedan atrás
Aunque el foco está puesto en la carne vacuna, el informe también da cuenta de aumentos considerables en otras proteínas animales. El pollo fresco, tradicionalmente más accesible, subió un 10,7% en abril y acumula un alza del 15,6% en lo que va del año. En términos anuales, el incremento llega al 47,6%. El pechito de cerdo, por su parte, mostró una suba más moderada del 3,1% en abril y 7,18% en los primeros cuatro meses, aunque el alza interanual asciende al 61,3%, incluso por encima de la carne vacuna.
¿Qué hay detrás de los aumentos?
Más allá de la inflación general, los precios de la carne responden a factores específicos. Entre ellos, el valor de la hacienda en pie, la estacionalidad de la producción, la presión de las exportaciones y, cada vez más, la especulación en un contexto de incertidumbre económica. Los aumentos fueron más marcados en cortes como la carne de vaquillona y ternera (5,9%), mientras que el novillito y el novillo registraron subas del 3,5% y 4,6%, respectivamente.
Además, el tipo de comercio también influye en el bolsillo del consumidor. Las carnicerías registraron aumentos del 4,8%, mientras que en supermercados la suba fue menor, del 2,6%. Esta diferencia puede deberse tanto a políticas de precios como a estrategias de abastecimiento y márgenes de ganancia.
Un futuro incierto para el consumo
Con una inflación que aún no cede del todo y una economía en recesión, el panorama no parece alentador. El consumo de carne per cápita ha caído en los últimos años a niveles históricamente bajos, y estas nuevas subas amenazan con profundizar esa tendencia. Más allá de los números, el alza de la carne pone en jaque un componente central de la dieta y de la identidad alimentaria argentina.
Mientras tanto, los consumidores ajustan sus hábitos, reemplazan cortes, buscan ofertas o directamente eliminan la carne de su mesa. La pregunta que queda flotando es si este nuevo escenario será transitorio o si la carne, históricamente un bien accesible en Argentina, se convertirá en un lujo reservado para unos pocos.
