14 de junio de 2026

La ausencia de Caputo en Mendoza expuso fisuras internas y profundizó el aislamiento político de Adorni

El acto realizado en la provincia de Mendoza, encabezado por Adorni junto al gobernador Alfredo Cornejo y el presidente de YPF, Horacio Marín, estuvo marcado por una ausencia que en la Casa Rosada pocos consideraron casual: la del ministro de Economía, Luis Caputo.

Ph: Archivo

La inauguración del Parque Solar Fotovoltaico “El Quemado”, presentada por el Gobierno nacional como uno de los primeros grandes resultados del Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI), terminó dejando al descubierto algo más que una apuesta energética: evidenció las crecientes tensiones internas dentro del oficialismo y el progresivo desgaste político que rodea a Manuel Adorni.

Aunque oficialmente se argumentó que el titular del Palacio de Hacienda permaneció en Buenos Aires por “compromisos de gestión”, dentro del oficialismo la lectura fue otra. La decisión de Caputo de no compartir escenario con Adorni, en momentos en que el jefe de Gabinete enfrenta una investigación judicial por presunto enriquecimiento ilícito, fue interpretada como una señal política de distanciamiento y malestar interno.

La situación agravó una tensión que desde hace semanas atraviesa al círculo libertario. Mientras el presidente Javier Milei y su hermana Karina Milei continúan sosteniendo públicamente a Adorni, otros sectores del gabinete empiezan a mostrar preocupación por el impacto político que el escándalo judicial podría tener sobre la credibilidad del Gobierno y, especialmente, sobre el relato de austeridad y transparencia que intenta sostener La Libertad Avanza.

En ese contexto, la ausencia de Caputo cobró todavía mayor relevancia por tratarse de uno de los funcionarios más identificados con el diseño del RIGI, el régimen que el oficialismo promociona como herramienta central para atraer inversiones extranjeras. El hecho de que el ministro evitara participar del acto que buscaba exhibir un “caso de éxito” del modelo libertario dejó expuesta la incomodidad creciente dentro del propio equipo económico.

Distintas voces dentro del oficialismo reconocen que Caputo viene manifestando en privado su preocupación por el costo político del caso Adorni, al considerar que las denuncias judiciales opacan los indicadores económicos que el Gobierno intenta mostrar como señales de recuperación. A esas críticas también se habría sumado Patricia Bullrich, aunque el Presidente salió rápidamente a disciplinar cualquier cuestionamiento interno.

El acto en Mendoza, que pretendía consolidar la narrativa oficial sobre inversiones y desarrollo energético, terminó condicionado por la interna política. Incluso la imagen del escenario mostró un apoyo acotado hacia Adorni: apenas estuvo acompañado por Cornejo —uno de los aliados provinciales más firmes del mileísmo— y por Horacio Marín, quien aprovechó la ocasión para proyectar expectativas optimistas sobre futuras exportaciones energéticas.

Sin embargo, detrás del discurso celebratorio, también quedaron planteadas dudas sobre el propio esquema económico impulsado por el Gobierno. El gobernador mendocino deslizó una observación que no pasó inadvertida al señalar que el objetivo debería ser alcanzar una Argentina donde no sea necesario un régimen excepcional como el RIGI para atraer inversiones, sino condiciones económicas estables y previsibles para todos los sectores productivos.

La frase dejó entrever una discusión de fondo: hasta qué punto el Gobierno depende de incentivos extraordinarios para compensar la falta de confianza estructural en la economía argentina. Y, al mismo tiempo, reflejó una tensión creciente entre la urgencia oficial por mostrar resultados y la fragilidad política de un gabinete cada vez más atravesado por disputas internas y cuestionamientos públicos.

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