Junio arranca con una nueva andanada de aumentos: ajuste tras ajuste, el salario sigue perdiendo la carrera
El sexto mes del 2025 no da respiro. Pese a que la inflación general muestra una leve tendencia a la baja, la vida cotidiana de millones de argentinos se encarece otra vez con una serie de aumentos en servicios esenciales: transporte, tarifas, salud, educación, combustibles y alquileres. La pregunta que se instala es clara: ¿de qué sirve que la inflación baje si el salario no alcanza?

La escalada arranca con el transporte público, particularmente en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), donde los boletos de colectivo suben 4,8% y el subte alcanza un alarmante valor de $963 por viaje. Un número que se aleja a pasos agigantados de la capacidad de pago de los sectores medios y bajos. La movilidad, una necesidad básica, empieza a convertirse en un lujo.
En paralelo, los servicios públicos no se quedan atrás. Las tarifas de luz y gas vuelven a subir —con aumentos de hasta 9,7% en algunas regiones— mientras el agua también se incrementa un 1%. Aunque porcentualmente puedan parecer ajustes menores, el acumulado mes a mes dibuja una curva asfixiante, más si se considera el contexto de salarios estancados.
La educación privada, incluso con subsidios estatales, aplicará aumentos de hasta un 6,5% en las cuotas escolares. Las cifras en el nivel secundario ya superan los $200.000 en la provincia de Buenos Aires. Un gasto cada vez más restrictivo, que amenaza con agravar la ya marcada segmentación social en el acceso a una educación de calidad.
Por su parte, las prepagas —que desde la desregulación del sector siguen aumentando de manera sostenida— aplicarán subas de entre 2,45% y 2,8%. Mientras tanto, la salud pública continúa sin respuestas estructurales, lo que deja a muchos ciudadanos atrapados entre pagar más o quedarse sin cobertura.
El precio de los combustibles también se ajustará: desde el 1 de junio, suben 1% por actualización impositiva. Aunque parezca un alza moderada, se sabe que los combustibles actúan como disparador de una cadena de aumentos indirectos en transporte, alimentos y logística.
El caso más dramático, sin embargo, lo viven los inquilinos. Aquellos con contratos bajo la Ley 27.551 deberán enfrentar un feroz aumento del 80,65% en sus alquileres, determinado por el Índice de Contratos de Locación del Banco Central. En un contexto donde acceder a la vivienda propia es cada vez más difícil, alquilar se vuelve directamente inviable.
El cierre del mes traerá el medio aguinaldo, que podría representar un alivio momentáneo. Sin embargo, también corre el riesgo de ser rápidamente absorbido por estos aumentos. La ecuación es simple: los precios suben en cuotas mensuales, pero los salarios, si se ajustan, lo hacen tarde y mal.
En conclusión, la desaceleración de la inflación no significa mejora del poder adquisitivo. Por el contrario, cada mes arranca con un nuevo capítulo de ajustes que erosionan el ingreso real. La pregunta que muchos trabajadores se hacen ya no es si pueden ahorrar, sino si podrán terminar el mes. Porque en este contexto, lo que no aguanta no es el bolsillo: es la paciencia.
