Israel confirma la muerte de Mohamed Sinwar y profundiza la ofensiva contra el liderazgo de Hamás
La muerte del comandante islamista, uno de los objetivos más buscados desde el inicio de la ofensiva, representa un golpe estratégico y simbólico para la organización palestina, aunque también plantea nuevos interrogantes sobre la escalada militar y las consecuencias humanitarias del conflicto.

El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu confirmó este miércoles ante el Parlamento que las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) asesinaron a Mohamed Sinwar, líder de Hamás en la Franja de Gaza, durante un bombardeo aéreo realizado el pasado 13 de mayo.
La operación, que habría tenido lugar en las cercanías del Hospital Europeo en Khan Yunis, se desarrolló tras semanas de intensas operaciones de inteligencia. Imágenes difundidas por las FDI mostraban a un hombre que se presume era Sinwar moviéndose por un túnel cercano al cruce de Erez, reforzando las sospechas sobre su paradero. Sin embargo, la confirmación oficial de su muerte llegó recién ahora, más de dos semanas después del ataque, en un contexto de fuerte presión interna e internacional sobre la conducción de la guerra en Gaza.
Un enemigo histórico de Israel
Mohamed Sinwar no era un líder más dentro de Hamás. Nacido en 1962 en el campo de refugiados de Khan Yunis, fue arrestado por Israel a los 26 años y permaneció más de dos décadas en prisión, donde se consolidó como figura de peso entre los prisioneros palestinos.
Su notoriedad creció tras su participación como uno de los cerebros del secuestro del soldado israelí Gilad Shalit en 2006, que culminó en un masivo intercambio de prisioneros cinco años después. En 2017, asumió el liderazgo de Hamás en Gaza, sucediendo a Ismail Haniyeh, y desde entonces se convirtió en una figura clave del ala militar de la organización.
Para Israel, Sinwar encarnaba la lógica de confrontación total de Hamás: intransigente, pragmático en lo político, pero radical en lo militar. Su muerte, por tanto, es presentada por el gobierno israelí como un logro crucial en su campaña por desarticular el mando operativo del grupo.
¿Golpe estratégico o efecto búmeran?
La eliminación de Sinwar es, sin duda, un éxito operativo para Israel, pero abre interrogantes sobre su impacto real en el conflicto. Si bien se trata de una baja significativa para la cúpula de Hamás, la historia reciente demuestra que estos movimientos no paralizan a la organización, sino que tienden a alimentar el ciclo de retaliación y martirio que Hamás capitaliza tanto política como simbólicamente.
Además, el lugar elegido para el ataque –una zona cercana al Hospital Europeo– y el uso de bombardeos en áreas altamente pobladas y vulnerables vuelve a encender las críticas sobre la proporcionalidad del uso de la fuerza y los riesgos de crímenes de guerra. Organismos internacionales ya han denunciado reiteradamente las consecuencias humanitarias de la campaña israelí en Gaza, donde la infraestructura sanitaria y civil está al borde del colapso.
Un conflicto sin horizonte de resolución
La confirmación de la muerte de Sinwar llega en un momento en que la guerra entre Israel y Hamás parece lejos de su fin. Lejos de abrir una puerta al desescalamiento, la estrategia israelí sigue centrada en la eliminación de “objetivos de alto valor”, mientras Hamás mantiene capacidad de ataque y respaldo en sectores de la población gazatí y de la diáspora palestina.
La desaparición de uno de sus líderes más emblemáticos podría debilitar la conducción del grupo, pero también radicalizar posiciones y dificultar los canales diplomáticos. En ese sentido, la operación puede representar un avance táctico, pero difícilmente modifique el equilibrio estratégico de un conflicto cada vez más enquistado y polarizado.
Israel celebra la muerte de un enemigo histórico, pero la pregunta sigue sin respuesta: ¿es posible una victoria duradera mediante bombardeos y ejecuciones selectivas, o solo se siembra más resentimiento, destrucción y resistencia? Mientras tanto, Gaza continúa ardiendo.
