Gustavo Sáenz uno de los principales aliados de Milei, ahora pide más federalismo real
El gobernador de Salta, hasta ahora un socio cercano del presidente Javier Milei, sorprende al reclamar un compromiso mayor con el desarrollo del interior y denunciar la histórica postergación del norte argentino.

Gustavo Sáenz, gobernador de Salta y uno de los principales aliados de Milei, dio un giro discursivo que pone en evidencia las tensiones latentes dentro del oficialismo en torno a la gestión y la distribución del poder y los recursos.
Aunque acompañó al presidente en iniciativas simbólicas como el tendido de un alambrado en la frontera con Bolivia para frenar el narcotráfico, Sáenz ahora reivindica un “federalismo real” que vaya más allá de meras declaraciones y equilibrios fiscales.
En la II Conferencia Internacional Argentina Cobre 2025, el mandatario salteño señaló que el crecimiento y desarrollo del país no pueden pensarse sin infraestructura básica —rutas, acueductos, conectividad— y con reglas claras que generen confianza para la inversión pública y privada en las provincias. En un mensaje que puede leerse como un reproche implícito al Gobierno central, Sáenz subrayó que “los gobiernos nacionales deben entender que las provincias son la ventana de oportunidades que el país necesita” y reclamó una articulación más genuina con los mandatarios provinciales, que garantice seguridad jurídica y respuestas concretas.
El planteo del gobernador cobra especial relevancia por su contexto político: Sáenz acompaña a Milei, quien se presenta como un disruptor del sistema tradicional, pero esta solicitud de mayor federalismo desnuda un viejo problema argentino que ni siquiera las nuevas gestiones parecen dispuestas a resolver. La frase “El norte es un gigante dormido que ha empezado a despertar” refleja no solo un reclamo regional sino también una crítica implícita al centralismo porteño, representado en la idea de que “Argentina no empieza ni termina en la General Paz” y que “en Capital Federal no se produce nada”.
Este llamado a redistribuir el poder y la riqueza dentro del país pone en jaque el modelo de concentración económica y política que muchas veces ha relegado a las provincias del interior, particularmente al norte, limitando sus posibilidades de crecimiento. Sin embargo, el reclamo de Sáenz también pone en evidencia una contradicción interna: mientras se muestran alineados con un presidente que promueve un discurso liberal y de mercado, los gobernadores provinciales, incluso aliados, terminan planteando demandas clásicas del Estado: inversión pública, infraestructura y políticas activas para el desarrollo regional.
En suma, la postura de Sáenz no solo es un desafío para la agenda oficialista de Milei, sino también un recordatorio de que el federalismo sigue siendo una deuda estructural para Argentina. Más allá de las alianzas políticas y los discursos de cambio, el país sigue enfrentando las mismas asimetrías territoriales y sociales que limitan su potencial de crecimiento integral. El “gigante dormido” del norte reclama no solo atención sino una redefinición real del pacto federal para que la promesa de desarrollo alcance a todas las regiones y no se quede en un simple eslogan.
