Guillermo Moreno reactiva el músculo del peronismo: “Le mojaron la oreja y ahora está en marcha, nadie lo va a parar”
Con la ratificación de la condena a Cristina Fernández de Kirchner por parte de la Corte Suprema, el escenario político argentino se tensó aún más, y desde el peronismo comienzan a surgir discursos que no solo denuncian persecución, sino que reclaman unidad, activismo y ofensiva política.

Uno de los que encarna con más vehemencia esa narrativa es Guillermo Moreno, exsecretario de Comercio y actual referente del partido Principios y Valores, quien aseguró que tras el fallo, «le mojaron la oreja al peronismo» y que ese movimiento ya «está en marcha y nadie va a pararlo».
En una serie de declaraciones a Radio LT3 de Rosario, Moreno desplegó una lectura política del momento que trasciende la coyuntura judicial: no se trata solamente del futuro de Cristina Kirchner, sino del reposicionamiento de un peronismo que, según su visión, ha encontrado una nueva razón para unificarse. «La pelea entre La Cámpora y Kicillof pasó a segundo plano. Con la detención de Cristina, el peronismo se unió por segunda vez», afirmó, evocando otro momento simbólico de unidad partidaria: la reacción contra una campaña de la UCR contra Carlos Menem en los años noventa.
El diagnóstico de Moreno es doble: por un lado, una denuncia de la decisión judicial como una provocación directa a la identidad política del justicialismo; por el otro, una oportunidad para reconstruir cohesión interna frente al enemigo externo. En esa clave, no solo llama a defender a Cristina, sino que reivindica valores clásicos del discurso peronista, como la protección de las mujeres («los peronistas cuidan a las mujeres, los radicales no») y la lealtad partidaria frente a las adversidades.
A esta visión combativa se suma una lectura crítica de la coyuntura nacional bajo la presidencia de Javier Milei, a quien augura un desenlace político peor que el de Raúl Alfonsín en 1989. La comparación no es ingenua: Moreno busca posicionar el presente en una línea de crisis histórica, apuntando a que la gestión libertaria carece de sostén social y podría colapsar bajo la presión económica y política. “La situación es más grave que en el ’89 y el 2001”, advirtió, aludiendo a dos momentos bisagra del sistema democrático argentino.
Lejos de una mirada derrotista, Moreno apuesta por una recuperación simbólica de Cristina Kirchner, a quien definió como “la mejor desde 2006 hasta ahora”, incluso superior a su versión presidencial. Esta revalorización, en contraste con el fallo de inhabilitación perpetua dictado por la Corte, busca restituir su centralidad política en el imaginario peronista, más allá de las limitaciones legales.
En el fondo, lo que expresa el exfuncionario no es solo una defensa personalista, sino una tensión entre legalidad e ilegitimidad, entre el fallo jurídico y el mandato político. La consigna que emerge es clara: la marcha de este miércoles, convocada por todos los sectores del justicialismo, será una demostración de fuerza colectiva que va más allá de Cristina. Para Moreno, será la síntesis de una nueva etapa: un peronismo con sus diferencias, pero con un objetivo común frente a lo que considera una agresión sistémica.
En tiempos donde las instituciones del Estado son vistas por parte del arco opositor como herramientas de disciplinamiento, la respuesta peronista, según este relato, no será la resignación, sino la acción política con movilización y unidad como ejes. La pregunta ya no es si Cristina vuelve, sino cómo y con quién se reconstruye el poder político desde abajo. Y en esa estrategia, la calle vuelve a ser el punto de partida.
