30 de abril de 2026

Granja Tres Arroyos en crisis: importaciones, freno exportador y 450 empleos en riesgo

Más allá de la discusión ideológica sobre el modelo económico, el interrogante de fondo es productivo y social: ¿puede el país sostener su entramado industrial bajo un esquema de competencia externa plena sin mecanismos de transición? En ciudades intermedias como Concepción del Uruguay, la respuesta no se mide en estadísticas macroeconómicas, sino en empleo, consumo y estabilidad social.

La principal empresa avícola del país, Granja Tres Arroyos, atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia. La combinación de apertura de importaciones, ingreso de pollo brasileño a precios más bajos y restricciones en mercados externos colocó a la compañía al borde de un colapso financiero que amenaza con dejar al menos 450 trabajadores sin empleo en las próximas semanas.

El escenario expone las tensiones del nuevo esquema económico impulsado por el presidente Javier Milei. La firma, propiedad del empresario Joaquín de Grazia —quien había manifestado públicamente su respaldo al rumbo oficial—, enfrenta ahora el impacto directo de la liberalización comercial. La mayor presencia de pollo proveniente de Brasil en góndolas y comercios presiona los precios internos en un sector con costos elevados en dólares y escaso margen de maniobra.

A la competencia externa se sumó un factor determinante: el cierre del mercado europeo para la carne aviar argentina tras restricciones sanitarias vinculadas a la gripe aviar. En un negocio donde las exportaciones resultan fundamentales para equilibrar la ecuación financiera, la pérdida de destinos estratégicos profundizó el desequilibrio.

La situación ya había mostrado señales de alarma a fines del año pasado, cuando la empresa tuvo dificultades para afrontar salarios. Si bien logró regularizar pagos en enero, el deterioro estructural no se detuvo. Marzo aparece como un mes decisivo: si no se reactivan exportaciones en abril, el riesgo de quiebra dejaría de ser una hipótesis.

El epicentro del conflicto está en Concepción del Uruguay, donde funciona el frigorífico avícola más grande del país. En una ciudad de cerca de 80.000 habitantes, la eventual caída de uno de los principales empleadores formales tendría un efecto dominó en comercios, servicios y proveedores. La planta llegó a ocupar a unas 1.500 personas; hoy quedan alrededor de 700. En los últimos meses se registraron 160 despidos y unos 300 retiros voluntarios, en un contexto de creciente incertidumbre.

El caso revela una paradoja: la apertura comercial busca estimular la competencia y reducir precios al consumidor, pero en sectores con estructuras de costos rígidas y fuerte dependencia exportadora puede derivar en pérdida de capacidad productiva local. La industria avícola argentina enfrenta tarifas energéticas elevadas, insumos dolarizados y un tipo de cambio que, según empresarios del sector, no acompaña la competitividad necesaria para sostener mercados externos.

La crisis de Granja Tres Arroyos no aparece aislada. Otras firmas del rubro, como Cresta Roja, arrastran dificultades desde hace años, lo que refuerza la sensación de fragilidad en toda la cadena.

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