4 de mayo de 2026

Fuga de capitales productivos: la salida de Nutrien expone las grietas del modelo económico

La salida de Nutrien no solo refleja una decisión empresarial, sino que expone las consecuencias concretas de un modelo económico que parece resignarse a perder industria, empleo y capacidad estratégica en nombre de un equilibrio macroeconómico todavía esquivo.

La decisión de la multinacional canadiense Nutrien de abandonar la Argentina y redirigir sus inversiones hacia Brasil no es un hecho aislado ni meramente empresarial: constituye un síntoma estructural de un modelo económico que, lejos de atraer inversiones productivas, profundiza la desindustrialización y la dependencia externa.

La venta de su 50% en Profertil —el mayor productor de fertilizantes del país— por US$ 600 millones marca un punto de inflexión en un sector estratégico para la seguridad alimentaria y la balanza comercial.

La operación, cerrada con Adecoagro y la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA), confirma que la salida de Nutrien fue una decisión planificada, pero acelerada por un contexto de inestabilidad política, incertidumbre macroeconómica y señales contradictorias en materia de política industrial. Mientras Brasil se consolida como un polo de previsibilidad y estímulo a la producción, la Argentina vuelve a aparecer como un territorio hostil para el capital de largo plazo.

El retiro de Nutrien implica mucho más que un cambio accionario. Profertil es la única fabricante nacional de urea granulada, insumo clave para cultivos centrales como trigo, maíz y cebada, y abastece cerca del 60% del mercado interno. La pérdida de un socio internacional con capacidad tecnológica y financiera plantea interrogantes sobre el futuro de la inversión, el abastecimiento y los precios en un sector altamente sensible para el agro y la economía en su conjunto.

El comunicado del CEO de Nutrien, Ken Seitz, refuerza esta lectura: la empresa prioriza mercados que aseguren rentabilidad sostenida, estabilidad regulatoria y previsibilidad macroeconómica. En ese marco, la Argentina quedó fuera del radar estratégico global. La reasignación de capital hacia recompra de acciones, reducción de deuda e inversiones focalizadas deja en evidencia que el país ya no compite como destino atractivo frente a sus vecinos.

La pasividad del Estado también resulta llamativa. YPF, que conservaba el 50% restante de Profertil, optó por no presentar una contraoferta para quedarse con la participación de Nutrien, renunciando así a reforzar el control estatal sobre una empresa clave para la cadena agroindustrial. De prosperar la compra del paquete accionario por parte de Adecoagro y ACA, el rol del Estado quedaría diluido en un sector estratégico.

La salida de Nutrien se suma a un goteo constante de multinacionales que reducen o abandonan operaciones: Whirlpool, Shell, HSBC, ExxonMobil, Procter & Gamble y Mercedes, entre otras. Todas coinciden en un diagnóstico similar: caída del consumo, apertura importadora sin amortiguadores y falta de políticas activas para sostener la producción local.

En este contexto, la pregunta de fondo ya no es cuántas empresas más se irán, sino qué queda del entramado productivo argentino si la lógica de ajuste, desregulación y retirada del Estado continúa profundizándose.

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