Francia cuestionó la ofensiva de EE.UU. en Venezuela y alerta sobre el quiebre del orden jurídico internacional
Desde el Ministerio de Relaciones Exteriores, el gobierno francés cuestionó con dureza el accionar de Estados Unidos y advirtió que este tipo de intervenciones unilaterales socavan los pilares básicos del orden internacional construido tras la Segunda Guerra Mundial.

Francia volvió a tomar distancia de la estrategia de Washington tras la captura de Nicolás Maduro y encendió una señal de alarma sobre el impacto global de la operación militar en Venezuela.
El canciller Jean-Noël Barrot fue el encargado de fijar la posición oficial de París. En su pronunciamiento, sostuvo que la acción militar ordenada por Donald Trump debilita el sistema de normas que regula la convivencia entre Estados y abre un precedente peligroso. Según Francia, la violación de la soberanía venezolana no solo afecta a la región, sino que amenaza con desestabilizar la seguridad global, al legitimar el uso de la fuerza sin el aval de organismos multilaterales.
En ese marco, Barrot remarcó que la Carta de las Naciones Unidas no puede ser interpretada de manera selectiva ni subordinada a intereses coyunturales. Para la diplomacia francesa, la imposición de soluciones políticas desde el exterior contradice el principio de autodeterminación de los pueblos y vacía de contenido al derecho internacional. Esta postura coincide con las advertencias formuladas por otros países europeos, como Noruega y Dinamarca, que también pusieron en duda la legalidad de la operación denominada “Absolute Resolve”.
No obstante, la posición de Francia exhibe una tensión evidente entre el discurso jurídico y el político. Mientras el canciller enfatiza la defensa de las reglas internacionales, el presidente Emmanuel Macron adoptó una narrativa distinta al señalar que la salida de Maduro del poder debía ser motivo de celebración para el pueblo venezolano. Al calificar al mandatario detenido como responsable de una grave violación a la dignidad humana, Macron dejó entrever una justificación política del desenlace, aun cuando el método utilizado genere fuertes cuestionamientos.
Esta ambigüedad refleja un dilema recurrente en las potencias europeas: cómo sostener la defensa del orden legal global sin aparecer como protectores de gobiernos autoritarios. En el caso francés, la condena a Maduro convive con el temor a que la normalización de este tipo de intervenciones termine debilitando el mismo sistema que, en teoría, busca proteger los derechos humanos y la democracia.
El debate también se trasladó al plano interno. En París, sectores de la izquierda comenzaron a movilizarse contra lo que consideran una nueva expresión de imperialismo, denunciando que la captura de un jefe de Estado por una potencia extranjera no puede justificarse bajo el discurso de la libertad.
Así, la crisis venezolana se convierte en un espejo incómodo para Europa: expone las contradicciones entre principios y conveniencias, y plantea una pregunta de fondo sobre los límites del poder en un mundo cada vez más regido por la fuerza antes que por el derecho.
