5 de mayo de 2026

Espert no quiere hablar de su relación con Spagnuolo: «No me rompan las bolas con eso»

La tensa entrevista en la que el legislador estalló ante las preguntas sobre su vínculo con Diego Spagnuolo, exdirector de la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS) y hoy investigado por presuntas coimas, revela un nuevo y delicado frente de conflicto.

La figura de José Luis Espert, conocido por su discurso violento y su cercanía al oficialismo, se ve ahora envuelta en una controversia que pone en jaque la transparencia que su partido, La Libertad Avanza, pregona.

La reacción de Espert: de la negación a la teoría de la «operación»

Cuando se le consultó sobre su relación con Spagnuolo, la respuesta de Espert fue evasiva y agresiva. Su «No me rompan las bolas con eso» no solo muestra un visible malestar, sino que también evita una respuesta clara y concisa. Al negarse a dar detalles, el diputado optó por la estrategia de la victimización, sugiriendo que se trata de una «operación» del kirchnerismo para «ensuciarlo» de cara a las próximas elecciones.

Esta postura, si bien es una defensa común en el mundo político, en este caso es particularmente frágil. Mientras el diputado se aferra a una supuesta «campaña sucia», la investigación sobre el exfuncionario de la ANDIS avanza, poniendo en evidencia un grave problema de corrupción en un área sensible. El enmarcar el escándalo como una simple «operación» le permite a Espert eludir una explicación más profunda sobre su pasado vínculo con Spagnuolo y sobre la naturaleza de la única reunión que sí admite haber tenido.

Las grietas en el discurso de la transparencia
La insistencia de Espert en desvincularse de Spagnuolo contrasta con la gravedad de las acusaciones que pesan sobre el exfuncionario. El hecho de que el diputado admita un encuentro «vinculado con el ANDIS» por «cuestiones presupuestarias» añade más preguntas que respuestas, ya que el tema de un proyecto de ley sobre discapacidad se entrelaza con las denuncias de corrupción en esa misma área.

La reacción de Espert ante el periodismo crítico, en lugar de calmar las aguas, ha generado más dudas. Su respuesta visceral y su intento de deslegitimar la pregunta sugieren que hay más en juego de lo que él está dispuesto a admitir públicamente. En un momento en que el oficialismo y sus aliados enfrentan un escrutinio cada vez mayor, la falta de transparencia en este caso es una señal preocupante que socava la credibilidad de un proyecto político que se presenta como la antítesis de la «casta».

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