En pleno auge de El Eternauta, reactivan la búsqueda de los nietos de Héctor Germán Oesterheld
En tiempos donde los discursos negacionistas resurgen y se relativizan los crímenes del terrorismo de Estado, este tipo de campañas resignifican el poder del arte como herramienta de verdad y justicia. La pregunta de H.I.J.O.S. no es solo para quienes puedan ser nietos de Oesterheld: es para todos los que creen que una democracia sólida se construye con memoria.

La revalorización cultural de El Eternauta, la emblemática historieta de ciencia ficción argentina, ha vuelto a poner en el centro del debate público no solo la obra de su autor, Héctor Germán Oesterheld, sino también su trágica historia familiar marcada por el terrorismo de Estado.
En paralelo al éxito de la serie de Netflix inspirada en su creación, la agrupación H.I.J.O.S. relanzó la campaña para encontrar a los nietos desaparecidos del escritor, en una apuesta por transformar la visibilidad cultural en acción política y de memoria.
Oesterheld, militante y figura clave de la cultura popular argentina, fue desaparecido por la dictadura cívico-militar junto a sus cuatro hijas y sus yernos. Dos de ellas, Diana y Marina, estaban embarazadas al momento del secuestro, y ni ellas ni sus hijos e hijas fueron hallados hasta hoy. Esa herida histórica, que combina arte, represión y legado, cobra nueva vigencia a través de la serie que ha captado la atención de miles de espectadores en el país y en el mundo.
H.I.J.O.S. aprovechó ese renovado interés para lanzar un mensaje potente en redes sociales, interpelando directamente al público de la serie: “¿Estás mirando El Eternauta? Si naciste en noviembre de 1976 o entre noviembre de 1977 y enero de 1978 y tenés dudas sobre tu identidad, contactate con Abuelas Difusión”. Es una pregunta que, en apariencia sencilla, carga con décadas de lucha, dolor y esperanza.
Este gesto no es menor. Representa una estrategia de memoria activa: utilizar una obra de ficción para iluminar una búsqueda real. La historieta que denunció en clave metafórica la opresión y el autoritarismo durante los años previos al golpe de 1976, ahora se convierte en vehículo para continuar la búsqueda de nietos apropiados durante ese mismo período.
La resignificación de El Eternauta como símbolo de resistencia y memoria, en este contexto, no es casual. El “hombre común” enfrentando una amenaza invisible, idea central de la obra, se traduce hoy en una sociedad que debe reconocer su pasado y enfrentar las consecuencias del silencio y la impunidad.
