En la era Milei se destruyeron más de 44.000 empleos estatales en salud, ciencia, vialidad y defensa
El último informe del INDEC confirma lo que los sindicatos venían advirtiendo: el Estado nacional achicó su plantilla en más de 44.000 puestos desde la llegada de Javier Milei a la presidencia.

A junio de 2025, la dotación total de la administración pública nacional, organismos descentralizados y empresas estatales se redujo a 289.178 trabajadores, lo que implica una caída del 3,6% en apenas seis meses.
La poda no es homogénea: golpea áreas estratégicas como salud, defensa, ciencia y vialidad. La administración central pasó de 44.036 empleados en enero a 40.582 en junio, un desplome del 7,8%.
Organismos descentralizados también sufrieron recortes, mientras que en las empresas estatales el retroceso fue del 0,8%, con casos emblemáticos como Corredores Viales (-2,4%), Fabricaciones Militares (-1,5%) y INTA (-0,7%). Incluso el CONICET, emblema de la investigación, muestra una leve contracción del 0,4%.
Los números desmienten el relato de “eficiencia sin despidos masivos”: los ajustes no se limitaron a retiros voluntarios, sino que incluyen no renovación de contratos, cierres de programas y fusiones de organismos. Según fuentes gremiales, el impacto no es solo laboral: la reducción compromete la calidad de servicios esenciales en salud, vialidad, ciencia y control regulatorio.
El recorte también afecta entes sensibles bajo la órbita del Ministerio de Capital Humano, que perdió más de 1.000 puestos en ANSES, ANDIS y PAMI, y del Ministerio de Economía, donde se redujo personal en la ANAC, CNRT y ENRE. En contraste, algunas firmas como Aerolíneas Argentinas, Correo Oficial e Intercargo registraron leves aumentos, insuficientes para compensar el saldo negativo.
Desde el oficialismo defienden la política como un paso “imprescindible para sanear las cuentas públicas”. Pero la pregunta de fondo persiste: ¿puede un Estado reducir drásticamente su estructura sin deteriorar los servicios básicos ni perder capacidades estratégicas? Con áreas críticas debilitadas y sin evidencia de mejoras en eficiencia operativa, el ajuste corre el riesgo de convertirse en un debilitamiento estructural más que en una modernización.
