Autopartistas denuncian que el acuerdo con Brasil abre la puerta a autopartes chinas y amenaza la industria local
El corazón del modelo automotor argentino late con sangre extranjera. Así lo denuncia la Asociación de Fábricas Argentinas de Componentes (AFAC), que encendió las alarmas sobre el uso “distorsivo” del Acuerdo de Complementación Económica (ACE 14) entre Argentina y Brasil.

Según el sector, el convenio está siendo manipulado por las terminales para ingresar autopartes chinas sin pagar aranceles, bajo la etiqueta de productos con “origen Mercosur”.
Detrás de las cifras se esconde un problema estructural: vehículos que se certifican como regionales llegan a tener más del 80% de sus piezas importadas desde Asia, con ensamblado mínimo en territorio local.
El resultado, advierte AFAC, es doblemente nocivo: erosiona la competitividad de la producción nacional y “sangra miles de millones de dólares de las arcas aduaneras” por la elusión de tributos.
“Lo que se exporta como un vehículo del Mercosur es, en un número creciente de casos, un Frankenstein automotriz con un corazón asiático”, ironizó la entidad. La denuncia no apunta solo a las automotrices: también involucra al Gobierno argentino, al que acusa de mirar hacia otro lado mientras se consolida un esquema que debilita la industria regional y destruye empleo calificado.
El núcleo del conflicto son las reglas de origen, que permiten certificar como “Mercosur” un vehículo con apenas un 20% de integración local. AFAC sostiene que, en algunos casos, ese porcentaje es casi nulo. Con costos subsidiados por China y un tipo de cambio apreciado en la región, las autopartistas locales enfrentan un terreno imposible para competir.
Las consecuencias trascienden lo sectorial: no se trata solo de fábricas, sino de una cadena que involucra a miles de pymes, proveedores de insumos, talleres y trabajadores especializados. En un país donde la industria automotriz representa uno de los pocos polos de exportación con valor agregado, la dependencia de insumos importados profundiza la vulnerabilidad externa y erosiona la balanza comercial.
AFAC exige una revisión inmediata del acuerdo y reglas más estrictas que obliguen a incrementar la integración regional. “No pedimos cerrar la economía, sino condiciones equitativas que promuevan la inversión y el desarrollo industrial local”, subrayó la entidad.
El interrogante de fondo es incómodo: ¿el Mercosur se está convirtiendo en una simple plataforma de ensamblaje de partes chinas? Si la respuesta es afirmativa, el costo no será solo para las autopartistas, sino para todo el entramado productivo argentino.
