14 de julio de 2026

El salario real sigue en caída libre: tres meses de retroceso y paritarias sin poder de fuego

Mientras el Gobierno celebra la desaceleración de la inflación como un signo de éxito económico, el poder adquisitivo de los trabajadores registrados continúa en picada, desmintiendo en los hechos la idea de una recuperación económica.

Según datos oficiales de la Secretaría de Empleo, el salario real del sector privado acumula tres meses consecutivos de caída, retrocediendo al mismo nivel que tenía en noviembre de 2023, al inicio de la gestión de Javier Milei.

La situación es tan evidente como preocupante: en abril, el ingreso medio real cayó un 1,6% respecto del mes anterior. Desde febrero se inició un nuevo ciclo de retroceso que anula completamente la efímera recomposición registrada en enero, tras la histórica caída de diciembre (-10,7%).

En un marco de fragilidad económica, las paritarias no logran compensar la pérdida de ingresos provocada por el ajuste fiscal y la licuación vía inflación, a pesar de las promesas de recomposición salarial. En abril, los aumentos negociados en convenios colectivos fueron apenas del 0,2%, y en términos interanuales llegaron a un exiguo 6,1%, muy lejos de los niveles necesarios para empatarle al costo de vida acumulado.

Inflación desacelera, pero los salarios no reaccionan

La narrativa oficial insiste en mostrar la desaceleración de la inflación —que en abril fue del 2,8% según el INDEC— como un triunfo, pero esa baja no se traduce en mejoras concretas para la mayoría de los trabajadores. El problema no es solo la inflación pasada, sino también la pérdida sostenida del poder de negociación sindical, en un contexto de desempleo creciente y ofensiva empresarial sobre condiciones laborales.

El economista Federico Pastrana subrayó que la recuperación del salario real “tiene corto alcance” y que, con la inflación aún por encima del 1% mensual, las mejoras reales serán marginales. Muchas paritarias están incorporando sumas fijas no remunerativas, que si bien brindan alivio momentáneo, no consolidan derechos ni generan aumentos proporcionales a futuro.

La falta de un indicador unificado y completo para medir el salario real complica aún más el panorama. Mientras el RIPTE (que sólo mide a trabajadores con más de 13 meses de antigüedad) mostró un alza del 2,9% en abril, apenas superando la inflación, el índice de salarios del INDEC reflejó una suba del 3% en marzo, que quedó por debajo del IPC (3,7%). En ambos casos, el impacto negativo sobre los trabajadores del sector privado es el más pronunciado, revelando quién está pagando los costos del «orden macroeconómico».

Ajuste silencioso: menos consumo, menos salario, más desigualdad

La caída del salario real por tercer mes consecutivo confirma una tendencia estructural y no un bache coyuntural. Es el resultado directo de una política económica que prioriza el ajuste fiscal y la estabilidad nominal a cualquier costo, sin atender el deterioro cotidiano que enfrentan millones de hogares argentinos.

Con el consumo interno planchado, un mercado laboral paralizado y un Gobierno que sostiene que “no hay plata”, la parálisis de los ingresos no parece un accidente sino una decisión de política económica. En otras palabras, el salario se ha convertido en una variable de ajuste.

A corto plazo, todo dependerá del éxito o fracaso de las próximas paritarias. Pero si no se revierte el rumbo general, la Argentina podría consolidar un nuevo piso de precariedad, con trabajadores que tienen empleo pero no pueden sostener un nivel de vida digno. Es un escenario que interpela no solo al Gobierno, sino también al movimiento sindical y a una sociedad que, por ahora, parece resignada a ver cómo se licúan sus derechos en nombre de la estabilidad.

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