17 de agosto de 2026

El PRO no se queda atrás, quiere entregar el museo de la ESMA a las Fuerzas Armadas

Presentada en un día tan significativo como el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, la iniciativa no solo resulta desafortunada en su timing, sino que también refleja una falta de sensibilidad hacia las víctimas del terrorismo de Estado y sus familias.

La reciente propuesta del diputado nacional del PRO, Gabriel Chumpitaz, de cerrar el Museo de la ex ESMA y ceder el predio a las Fuerzas Armadas para su uso como centro de entrenamiento, emerge como un intento inquietante de reescribir la historia y deslegitimar el dolor y la memoria colectiva de un pasado reciente que aún resuena en la conciencia de la sociedad argentina.

La afirmación de Chumpitaz de que el museo «divide a los argentinos» es, en sí misma, una simplificación peligrosa que ignora el profundo significado del espacio como testimonio de las atrocidades cometidas durante la dictadura militar.

Al afirmar que el museo «imbuye de odio y pasado», se está haciendo un flaco favor a la verdad histórica, al intentar deslegitimar un lugar que, por el contrario, busca fomentar la reflexión y la reconciliación.

La propuesta se inscribe dentro de un contexto más amplio de revisión histórica impulsado por el oficialismo, que parece buscar una “memoria completa” que minimiza o ignora las violaciones sistemáticas de derechos humanos.

La transformación del Museo Sitio de Memoria ESMA, recientemente declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO, en un centro de capacitación militar no solo es un atentado contra la memoria de las víctimas, sino que también cuestiona los principios democráticos que sostienen nuestra sociedad.

Este tipo de propuestas, que pretenden borrar o reinterpretar la historia, son un riesgo inminente para la construcción de una memoria colectiva que honre a quienes lucharon por la justicia.

El argumento de la necesidad de un espacio para la capacitación de las Fuerzas Armadas no solo resulta irónico, sino que carece de una base sólida en el contexto actual. La formación de las fuerzas de seguridad debe estar enmarcada en el respeto a los derechos humanos y en la comprensión de la historia reciente, no en la utilización de un sitio que simboliza el horror y la impunidad de un pasado oscuro.

Ceder un lugar de memoria a quienes, en gran parte, fueron responsables de esos crímenes es un acto que podría interpretarse como una reivindicación de la impunidad y un desprecio a los valores democráticos que tanto costó alcanzar.

Los espacios de memoria, como el Museo de la ESMA, deben ser preservados y fortalecidos, no solo para honrar a las víctimas, sino para educar a las futuras generaciones sobre las lecciones del pasado. Propuestas como la de Chumpitaz subrayan la necesidad de una defensa activa de la memoria histórica y el compromiso con los derechos humanos. En lugar de fomentar la división, la memoria debe ser un vehículo de unidad y reflexión, un recordatorio de la importancia de no repetir los errores del pasado.

La sociedad argentina no puede permitirse el lujo de olvidar, ni mucho menos de transformar espacios que son testigos de su historia en instrumentos de militarización. La memoria es un pilar fundamental de la democracia, y es responsabilidad de todos protegerla.

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