El mercado laboral, en retroceso: crece la desocupación, se dispara la informalidad y se profundizan las brechas
El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) confirmó lo que ya se percibía en la calle: el empleo en Argentina sigue deteriorándose. En el primer trimestre de 2025, la desocupación subió al 7,9%, registrando un alza tanto en la comparación interanual (7,7% en el mismo período de 2024) como trimestral (6,4% en el último trimestre del año pasado).

Este aumento evidencia que el ajuste económico no solo afecta los bolsillos, sino que arrasa con fuentes de trabajo en un contexto de fuerte recesión y caída del consumo.
La cifra cobra más peso al considerar que la tasa de actividad —es decir, el porcentaje de personas que participan activamente del mercado laboral— fue del 48,2%, mientras que la tasa de empleo alcanzó apenas el 44,4%.
Es decir, hay cada vez más gente buscando trabajo y menos personas logrando conseguirlo. El crecimiento de la población activa no se traduce en oportunidades reales: lo que aumenta es la competencia en un mercado laboral estancado.
Las mujeres siguen llevando la peor parte. La desocupación femenina trepó al 9%, mientras que entre los varones se ubicó en el 7%. Esta brecha estructural refleja la persistente desigualdad de género, agudizada en contextos de crisis donde las mujeres son las primeras en ser expulsadas del mercado formal.
La geografía del desempleo también deja en evidencia las desigualdades territoriales. Las regiones más golpeadas son el Gran Buenos Aires (9,1%) y la zona Pampeana (7,4%), epicentros de la actividad económica del país, pero también de sus tensiones sociales más crudas. En contraste, la Patagonia muestra la menor tasa de desocupación (4,9%), aunque con niveles de informalidad igualmente preocupantes.
El dato más alarmante del informe es, sin embargo, el de la informalidad. El 42% de los trabajadores asalariados se desempeñan en condiciones informales, es decir, sin acceso a derechos básicos como aportes jubilatorios, cobertura de salud o indemnización. De los asalariados, más de un tercio (36,3%) no tiene descuento jubilatorio, y solo el 17,1% de los informales realiza aportes por su cuenta. Esto implica que una parte sustancial de la fuerza laboral no solo trabaja en la precariedad, sino que también se encamina a la vejez sin protección social.
A esto se suma la expansión del cuentapropismo forzado: el 23,5% de la población ocupada trabaja por cuenta propia, en muchos casos por expulsión del empleo asalariado. Esta supuesta «autonomía» oculta una realidad de inestabilidad, ingresos fluctuantes y falta de cobertura legal. El trabajo desde la vivienda, que alcanza al 7,8%, refleja también el avance de formas más solitarias y desreguladas de empleo.
El panorama laboral del primer trimestre de 2025 pinta un escenario sombrío: más desempleo, más informalidad, más desigualdad. En un país donde el trabajo fue históricamente sinónimo de movilidad social, hoy parece cada vez más un privilegio. La recuperación del empleo no puede postergarse más, y menos aún puede pensarse solo en términos de números: se necesita un enfoque integral que garantice no solo cantidad, sino calidad de trabajo. Porque sin trabajo digno, no hay desarrollo posible.
