El Gobierno recurre al BCRA para aliviar vencimientos en medio de la tensión por la tasa de interés
La operación, formalizada mediante la Resolución Conjunta 548/2025 publicada en el Boletín Oficial, convierte LECAP con vencimiento el 15 de agosto (S15G5) en BONCAP con vencimiento el 15 de diciembre (T15D5), ambos instrumentos en pesos.

En un contexto de creciente nerviosismo en los mercados, el Banco Central realizó un canje de deuda por $5,4 billones con el Tesoro Nacional para descomprimir los abultados vencimientos de corto plazo que asfixian la estrategia financiera oficial.
El objetivo es evidente: ganar tiempo. Sin embargo, la maniobra expone la fragilidad del esquema de deuda en moneda local y el delicado equilibrio que enfrenta el Gobierno entre sostener el financiamiento y evitar un colapso de expectativas. La tensión se profundiza por la suba de la tasa de interés, que no solo encarece el costo del rollover sino que amplifica el riesgo de que los bancos —principales tenedores— decidan no acompañar la estrategia oficial en las próximas licitaciones.
Un calendario explosivo y la sombra electoral
El trasfondo es más inquietante que el canje en sí. Tras eliminar las LEFI, el Gobierno quedó con un calendario de vencimientos extremadamente exigente: $45 billones hasta las elecciones, con renovaciones parciales cada 15 días. Cada subasta es un test de confianza en un mercado que observa con atención el deterioro de las condiciones macroeconómicas y la falta de señales claras sobre cómo se resolverá la tensión entre ajuste fiscal y dinámica de deuda.
El canje con el BCRA es, en los hechos, un salvavidas para desactivar una bomba de corto plazo, pero no resuelve el problema estructural: el Tesoro depende de que los bancos sigan renovando posiciones, mientras la tasa sube y el margen de maniobra se reduce. Si los inversores perciben que el riesgo supera el beneficio, el Gobierno podría enfrentar no solo un stress financiero, sino también un impacto político letal en plena campaña.
En otras palabras, el swap posterga el problema, pero no lo elimina. La pregunta clave es cuánto tiempo más se puede sostener este esquema sin un cambio de expectativas que devuelva aire al financiamiento en pesos.
