El Gobierno minimizó la marcha de la CGT y criticó a los sindicatos: “Cada vez tienen menos convocatoria”
El escenario sigue abierto. Mientras el Gobierno celebra superávits fiscales conseguidos a costa del deterioro de ingresos y servicios públicos, el descontento en la calle crece. Desestimar la protesta podría ser políticamente cómodo, pero ignora una realidad social cada vez más compleja.

En una nueva muestra de tensión entre el oficialismo y el sindicalismo, el Gobierno nacional minimizó la movilización convocada por la CGT y otras organizaciones gremiales, realizada este martes en el centro de la Ciudad de Buenos Aires bajo la consigna “El trabajo es sagrado”.
La marcha, que se inscribió en la previa del Día del Trabajador, buscó expresar el rechazo a las políticas de ajuste económico impulsadas por el presidente Javier Milei, entre ellas la no homologación de paritarias con aumentos por encima de la inflación.
Lejos de mostrarse receptiva, la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, cuestionó duramente la iniciativa sindical y aseguró que la convocatoria fue “mínima”. “Cada vez tienen menos convocatoria”, expresó en declaraciones a El Observador FM. Y añadió: “No entiendo cómo no se dan cuenta que haciendo siempre lo mismo van a tener siempre los mismos resultados”.
Bullrich sostuvo que el sindicalismo está reaccionando ante la pérdida de privilegios que, según ella, habían logrado mediante “presión y extorsión” en gobiernos anteriores. “Antes les daban cosas para evitar paros generales. Ahora no se les da nada. Siguen haciendo lo mismo y lo único que obtienen es menos dinero para los trabajadores, que pierden plata”, lanzó.
La marcha, sin embargo, fue leída desde los sectores gremiales como un intento de ponerle un freno al rumbo económico del Gobierno, que ya acumula cinco meses de recortes, caída del salario real y congelamiento de la obra pública. La CGT cuestionó la falta de diálogo institucional, la precarización laboral creciente y el ajuste que recae sobre los sectores más vulnerables. También hubo mensajes críticos hacia la “destrucción del Estado” que promueve la gestión libertaria.
Deslegitimar la protesta: una estrategia repetida
Las declaraciones de Bullrich no sorprendieron. Forman parte de una estrategia sostenida del oficialismo para deslegitimar cualquier expresión de disenso social o político. Desde el inicio del gobierno de Milei, las movilizaciones han sido sistemáticamente relativizadas, cuando no reprimidas o criminalizadas.
La ministra —quien ya había impulsado un polémico protocolo antipiquetes— eligió nuevamente el camino de la confrontación: “Fue una cosa mínima, casi que no se sintió”, reiteró, reforzando la idea de una CGT debilitada. Sin embargo, detrás de esa narrativa subyace una preocupación: los sindicatos, aún fragmentados, siguen siendo un actor capaz de articular oposición territorial frente al ajuste.
