20 de junio de 2026

El futuro del acuerdo UE-Mercosur en duda: depende de divisiones internas y de la postura italiana

La firma del polémico tratado comercial entre la Unión Europea y el bloque sudamericano de Mercosur, programada para el 20 de diciembre, enfrenta una serie de obstáculos que podrían impedir su aprobación definitiva.

Después de 25 años de negociaciones, la Comisión Europea confía en que la mayoría de los Estados miembros respalden el acuerdo, pero las divisiones internas y la incertidumbre en la aritmética parlamentaria amenazan con frenar el proceso.

El acuerdo, que involucra a Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, busca establecer una zona de libre comercio transatlántica, pero no todos están de acuerdo con la liberalización que implica. Francia ha liderado la oposición, advirtiendo sobre la competencia desleal para sus agricultores y solicitando medidas de protección y reciprocidad en las normas de producción. Otros países como Polonia, Irlanda y Hungría también han manifestado su rechazo, mientras que Bélgica se abstendrá en la votación.

La atención se centra en Italia, donde la primera ministra Giorgia Meloni aún no ha expresado su postura definitiva. Como segundo mayor exportador de la UE a Mercosur, Italia puede jugar un papel decisivo. Aunque algunos ministros italianos han pedido salvaguardias fuertes, las garantías presentadas por la Comisión parecen haber inclinado la balanza hacia un posible apoyo. La aprobación del Parlamento Europeo, prevista para el 16 de diciembre, será clave, especialmente en la votación de las cláusulas de protección, incluyendo la de reciprocidad.

Incluso si el acuerdo se firma en América Latina, aún requiere ratificación por parte del Parlamento Europeo, que en el pasado ha mostrado profundas divisiones y resistencia a aprobar tratados comerciales. La oposición tanto de sectores de extrema derecha como de extrema izquierda, junto con la incertidumbre entre otros grupos políticos, mantiene en duda la aprobación final en 2026.

Desde Bruselas, los diplomáticos que apoyan el pacto advierten que su fracaso significaría perder acceso a mercados estratégicos justo en un momento en que la relación con EE.UU. se ha visto deteriorada. La situación en el Parlamento Europeo, que en ocasiones se ha apartado de las posiciones de los Estados miembros, aumenta la preocupación sobre las posibles consecuencias políticas de un rechazo.

Mientras tanto, en el Mercosur, la paciencia se agota tras décadas de negociaciones infructuosas. Un alto diplomático sudamericano expresó en tono contundente: «Si no se respalda el acuerdo, lo enterraré y lo cubriré con hormigón», reflejando la frustración de una región que ve en este tratado una oportunidad de integración y crecimiento, que ahora pende de un hilo en Bruselas.

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