25 de mayo de 2026

El cónclave se prepara para elegir a su sucesor: ¿Quiénes son los principales candidatos?

El cónclave del Colegio Cardenalicio comenzará en los próximos días en Roma, dando inicio a un proceso marcado por equilibrios geopolíticos, tensiones internas y la huella indeleble que dejó Francisco con su papado reformista.

Ph: C5N

Con la reciente muerte del Papa Francisco a los 88 años, la Iglesia Católica se enfrenta a uno de sus momentos más decisivos: la elección de su próximo líder.

De los 252 cardenales actuales, solo 138 tienen menos de 80 años y, por lo tanto, derecho a voto. De ellos, cerca del 80% fueron nombrados por el propio Francisco, lo que sugiere que la mayoría del electorado papal está alineado —al menos en teoría— con su visión reformista y pastoral.

El Papa argentino trabajó durante más de una década en redibujar el mapa del poder cardenalicio, favoreciendo perfiles abiertos al diálogo interreligioso, con sensibilidad social y procedentes de regiones tradicionalmente subrepresentadas, como Asia y África. No obstante, la elección de un nuevo pontífice nunca es lineal y las alianzas dentro del cónclave suelen desbordar los marcos ideológicos más previsibles.

Los favoritos: entre continuidad y cambio

Luis Antonio Tagle (67 años) encabeza muchas quinielas. Prefecto del Dicasterio para la Evangelización, es uno de los hombres más cercanos al pensamiento de Francisco. De origen filipino, representa la apertura a Asia y una Iglesia global. Progresista, carismático y comprometido con la justicia social, su elección marcaría una clara continuidad con el pontificado anterior.

Matteo Zuppi (69 años), arzobispo de Bolonia y presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, también figura entre los favoritos. Miembro de la Comunidad de Sant’Egidio, es respetado por su rol en procesos de mediación internacional. Es un progresista moderado, con buena acogida en sectores más conservadores gracias a su estilo dialogante.

Pietro Parolin (70 años), actual Secretario de Estado del Vaticano, es un candidato fuerte dentro de los sectores moderados. Diplomático hábil y cercano a Francisco, su elección sería vista como una señal de continuidad institucional más que teológica.

Peter Turkson (76 años), ghanés y exresponsable del Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral, representa el ala moderada del sur global. Su sensibilidad social y perfil conciliador podrían posicionarlo como una figura de unidad. De ser elegido, sería el primer Papa africano de la historia moderna.

Los conservadores se reorganizan

A pesar de la mayoría reformista en el colegio electoral, el bloque conservador también tiene sus cartas. Raymond Leo Burke (76 años), uno de los críticos más duros del papado de Francisco, cuenta con el respaldo de sectores ultraconservadores dentro y fuera del Vaticano, incluso del expresidente estadounidense Donald Trump. Su elección, aunque improbable, agitaría las aguas del catolicismo.

Gerhard Ludwig Müller (78 años) y Willem Eijk (71 años) también se perfilan como figuras conservadoras. Müller, alemán y ex prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, fue considerado un moderado hasta que se convirtió en opositor de varias reformas de Francisco. Eijk, arzobispo de Utrecht, ha manifestado su rechazo a los cambios en la moral sexual y la pastoral familiar.

Factores decisivos: geografía, ideología y gobernabilidad

Más allá de los perfiles individuales, la elección del nuevo Papa dependerá de múltiples factores. Uno de ellos es la geografía, ya que crece la presión por un pontífice no europeo que refleje la diversidad del catolicismo global. Otro es la ideología, con un debate latente entre los que quieren profundizar las reformas de Francisco y los que buscan un giro hacia el tradicionalismo. Y finalmente, la gobernabilidad: en un contexto de tensiones internas, el próximo Papa deberá ser, ante todo, un hábil articulador del consenso.

En los próximos días, los ojos del mundo se volverán hacia la Capilla Sixtina. Entre la tradición milenaria del cónclave, las intrigas vaticanas y la necesidad de renovar el mensaje de la Iglesia en un mundo cambiante, la fumata blanca traerá mucho más que un nuevo nombre: señalará el rumbo del catolicismo en el siglo XXI.

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