El aumento del salario mínimo consolida una histórica caída, es el más bajo de los últimos 20 años
El salario mínimo pasará de los actuales $270.000 a $279.718 en diciembre, y a $296.832 en marzo de 2025. Sin embargo, el aumento no alcanza a compensar la pérdida real que han sufrido los salarios frente a la inflación, marcando una de las caídas más significativas de las últimas dos décadas.

Según el Observatorio de Derecho Social de la CTA Autónoma, el valor del nuevo salario mínimo en términos reales es el más bajo de los últimos 20 años. Luis Campos, uno de los directores del observatorio, indicó que «la caída del salario mínimo es del 17,8% contra diciembre de 2023 y un 39% respecto de finales de 2019», un descenso que no tiene precedentes en tiempos recientes.
El impacto de la caída en términos reales
Para Campos, el desplome del salario mínimo en 2024 es el más grande desde las hiperinflaciones de finales de los años 80. Según su análisis, «la pérdida en términos reales para este año alcanza el 29,3%, superando incluso la caída del 20,3% que se produjo en 2002». Esta cifra subraya la magnitud del ajuste y el impacto directo que tiene sobre los trabajadores de menores ingresos, los más perjudicados por la erosión del poder adquisitivo.
El analista también destacó la forma en que el salario mínimo ha perdido relevancia frente al salario promedio del sector privado registrado. Mientras que en los años 90 el salario mínimo representaba un 25% del salario promedio, en 2009 esa cifra ascendía al 45%. Hoy, en cambio, el salario mínimo equivale a apenas el 20% de los ingresos promedio del sector privado, lo que refleja una creciente desigualdad y precarización laboral.
«Un ajuste que afecta a los más vulnerables»
En un hilo de publicaciones en la red social X, Luis Campos advirtió que el uso del salario mínimo como «variable de ajuste» es una mala noticia para los trabajadores. En un contexto donde la dispersión salarial es la regla, con sectores que lograron recuperar parte de su poder adquisitivo y otros que no han podido siquiera alcanzar la inflación, la reducción del salario mínimo genera un «efecto cascada» sobre los salarios más bajos, que ya de por sí se encuentran en una situación crítica.
“En un año donde la dispersión salarial fue la regla, el uso del salario mínimo como ajuste es una invitación al ‘sálvese quien pueda’”, alertó Campos, quien subrayó que este tipo de decisiones no hace más que profundizar las desigualdades entre sectores que ven crecer sus salarios y otros que pierden poder adquisitivo.
Fracaso en la negociación entre el Estado y los sindicatos
La medida llega luego del fracaso en la reunión del Consejo del Salario, que se celebró entre funcionarios del Estado, las centrales obreras y las cámaras empresarias. Durante la negociación, la Confederación General del Trabajo (CGT) y las dos vertientes de la CTA pidieron un aumento de más del 100% para el salario básico, solicitando que se eleve a $572.000. Por su parte, los empresarios, en particular la Unión Industrial Argentina (UIA), propusieron incrementos más moderados, comenzando con una suba a $278.000 en diciembre y llegando a $295.000 en marzo.
La propuesta de los empresarios fue la que finalmente fue adoptada por el Gobierno, con el presidente Javier Milei decidiendo que el salario mínimo se fije en $279.718 en diciembre y llegue a $296.832 en marzo del próximo año. Esta cifra se alinea con lo solicitado por la UIA, y no con las demandas de los sindicatos, lo que refleja las tensiones entre el Gobierno, los trabajadores y los sectores productivos.
El futuro del salario mínimo y los desafíos económicos
La oficialización del nuevo salario mínimo llega en un contexto económico caracterizado por la alta inflación y una recesión prolongada que afecta gravemente a los sectores más vulnerables. Si bien el Gobierno insiste en que la economía está comenzando a estabilizarse, los indicadores sociales y laborales muestran una realidad distinta, con una caída persistente en el poder adquisitivo y el salario real de los trabajadores.
El análisis de Luis Campos y otras organizaciones sindicales y económicas es claro: a pesar del aumento nominal, el salario mínimo sigue lejos de ser un verdadero «piso» para los trabajadores. La caída histórica en términos reales refleja no solo una pérdida de poder adquisitivo, sino una falta de respuesta adecuada del Gobierno ante la crisis económica y laboral que afecta a millones de argentinos.
Con la inflación proyectada aún elevada y sin señales claras de una recuperación sostenida, los próximos meses seguirán siendo difíciles para los trabajadores, que enfrentarán un escenario económico donde las mejoras salariales no parecen estar a la altura de las necesidades de los sectores más golpeados.
En resumen, el aumento del salario mínimo, lejos de representar una mejora sustantiva, consolida la precarización del trabajo y la pérdida de poder adquisitivo en un contexto de inflación galopante y crisis económica, lo que plantea serias dudas sobre las posibilidades de una recuperación económica real para los sectores más vulnerables.
