29 de abril de 2026

El ajuste libertario arrasa con pymes y empleos: más de 18 mil empresas cerradas en 18 meses de gestión Milei

El supuesto “sinceramiento” económico se traduce en destrucción social y mayor dependencia del circuito financiero, con un modelo que, en lugar de sentar las bases de un desarrollo sostenible, profundiza la desigualdad y erosiona la capacidad productiva del país.

Los datos oficiales recopilados por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) exponen con crudeza el impacto de la política económica de Javier Milei y Luis Caputo sobre la economía real: en apenas 18 meses cerraron 18.083 empresas y se destruyeron 253.728 puestos de trabajo formales. En promedio, cada día desaparecen 30 firmas y 416 empleos.

El fenómeno golpea con especial dureza a las pequeñas y medianas empresas, responsables de sostener más del 70% del empleo privado en el país.

Según el informe, el 99,6% de las bajas corresponden a pymes, lo que revela el carácter regresivo del ajuste: se castiga al núcleo productivo que vertebra la economía argentina mientras se sostiene un esquema financiero que premia la especulación.

Sectores claves como transporte y almacenamiento (-11,3%), comercio, industria manufacturera y construcción encabezan la lista de los más afectados, reflejando una contracción que no solo destruye empresas sino que paraliza cadenas enteras de valor. La construcción, además, concentra la mayor pérdida de empleos, con más de 83 mil trabajadores desplazados tras la virtual detención de la obra pública.

El dato más revelador es que las grandes compañías, que en teoría deberían ser más resilientes al ajuste, también recortaron de manera masiva: más del 65% de los despidos totales provinieron de firmas con más de 500 empleados. Esto demuestra que el modelo no está generando previsibilidad ni confianza siquiera en el capital concentrado, el cual, lejos de expandirse, reduce plantillas y achica inversiones.

Mientras tanto, desde el oficialismo se insiste en describir la gestión como “exitosa”, pero los números exhiben un panorama opuesto: una economía donde el aparato productivo se contrae, el empleo formal retrocede y el tejido pyme se desintegra.

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