18 de julio de 2026

El agro liquidó divisas en masa antes de la suba de retenciones: especulación o reflejo de un modelo en crisis

En definitiva, el boom de liquidaciones de junio no es un logro para celebrar, sino una alerta roja sobre un modelo de país frágil, donde el único plan consiste en administrar la urgencia y aplaudir el dólar del campo… hasta que el próximo ajuste vuelva a postergar cualquier idea de desarrollo sostenible.

En la antesala del fin de la baja transitoria de las retenciones, el campo argentino aceleró sus operaciones y liquidó nada menos que 3.706 millones de dólares en junio, según informó la Cámara de la Industria Aceitera (CIARA) y el Centro de Exportadores de Cereales (CEC).

Este número representa un crecimiento del 21% frente a mayo y un salto interanual del 87%, dejando al descubierto, una vez más, la pulseada silenciosa entre el sector agroexportador y el Estado por el tipo de cambio y la presión impositiva.

El récord de liquidaciones del lunes 24 de junio, día en que vencían los beneficios transitorios del Decreto 38/25 firmado por Javier Milei, confirma lo que muchos analistas temían: buena parte del agro especuló con el cronograma impositivo y aceleró ventas para evitar pagar retenciones más altas a partir del 1° de julio. Con el nuevo esquema, las alícuotas de la soja vuelven al 31% y 33% para derivados y poroto, y el maíz sube del 9,5% al 12%.

El Gobierno, por su parte, se excusa en la “necesidad de equilibrio fiscal” para no reducir en el corto plazo las retenciones, pese a coincidir en que “son un mal impuesto”, según palabras del jefe de Gabinete, Guillermo Francos. La administración libertaria sostiene que priorizará el ajuste del gasto público y la disciplina monetaria antes de ceder a las presiones de gobernadores y productores, incluso si eso significa seguir castigando al sector que más dólares inyecta en la economía real.

Sin embargo, detrás de esta discusión técnica, se oculta un drama más profundo: un país que depende de liquidaciones agropecuarias para sostener su balanza de pagos, a costa de una economía vulnerable a la especulación y sin políticas industriales que diversifiquen las fuentes de divisas. La foto de junio deja en claro que el modelo agroexportador sigue siendo rehén de la volatilidad y la oportunidad: cuando el Estado flexibiliza retenciones, los productores venden; cuando suben los impuestos, retienen stocks.

Esa lógica —que algunos presentan como racionalidad empresarial— alimenta una economía pendular, incapaz de estabilizarse, y muestra que las supuestas “señales de confianza” que Milei cree enviar al mercado no logran generar previsibilidad real. En la práctica, los grandes actores agroindustriales juegan su partido al margen de cualquier planificación productiva de largo plazo.

El Gobierno festejará este ingreso récord de dólares, pero la pregunta clave queda sin responder: ¿puede un país con el 50% de la población estresada económicamente sostenerse solo con las divisas del campo, que además se liquidan bajo cálculos especulativos? Sin una política integral que equilibre el crecimiento del agro con la promoción de la industria, el agregado de valor y la generación de empleo, la Argentina seguirá atrapada en el mismo círculo de parches, crisis y oportunismos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *