Dólares, deuda y elecciones: Milei se aferra al Fondo para llegar a octubre
El Directorio del Fondo Monetario Internacional (FMI) se prepara para dar luz verde a un desembolso de u$s2.000 millones tras aprobar el Staff Report acordado con el gobierno de Javier Milei.

La revisión técnica aprobada supone un cambio sustancial en la meta de reservas netas. De los u$s9.000 millones previstos inicialmente, se pasó a un esquema mucho más laxo que evita la necesidad de un nuevo waiver, que habría sido políticamente tóxico en plena campaña electoral.
Milei lo festejó en redes con su habitual tono provocador: “No apto para mandriles”, escribió. Pero detrás de la celebración hay un dato que no puede ocultarse: el ajuste, tal como fue diseñado, no cierra sin dólares. Y los dólares no aparecen sin concesiones.
El giro pragmático: menos relato, más supervivencia
Para sostener la pax cambiaria hasta octubre, el Gobierno apela a una fórmula conocida: atraer divisas del agro mediante una reducción de retenciones que implica un costo fiscal cercano a un punto del PBI. Una medida que rompe con la lógica inicial de Milei, quien construyó su relato sobre la cruzada contra el déficit. Hoy, esa épica libertaria se transforma en ingeniería electoral.
La apuesta es clara: seducir al campo para que liquide los u$s12.000 millones que mantiene en silobolsas y cuentas externas. A cambio, el Gobierno ofrece menos impuestos y un dólar relativamente estable, aunque esa estabilidad se sostiene más por la mano visible del Banco Central que por el libre juego del mercado.
¿Libre mercado? Mejor, “pragmatismo 2.0”
En los despachos oficiales bautizaron esta estrategia como “pragmatismo 2.0”: un menú que combina alivios fiscales selectivos con una flexibilización parcial del cepo para personas físicas. El problema es que esta última jugada ya derivó en compras por unos u$s2.000 millones en apenas un mes, lo que obliga a un equilibrio quirúrgico para no vaciar la caja antes de tiempo.
La paradoja Milei: ajuste para la tribuna, intervencionismo para la campaña
El gobierno libertario, que llegó prometiendo dinamitar la casta y liberar los mercados, hoy se ve forzado a negociar con el FMI, administrar el tipo de cambio y conceder beneficios sectoriales para sostener un plan económico que depende más de la política que de la teoría. El desembolso del Fondo no es, entonces, un premio a la ortodoxia, sino un salvavidas que confirma lo que el mercado ya sabe: la economía argentina no resiste purismos ideológicos.
¿Y después de octubre?
El interrogante real es qué ocurre después de las elecciones. Si Milei logra su objetivo de llegar con estabilidad cambiaria, enfrentará el dilema de volver a ajustar —esta vez sin margen político— o continuar con el camino del pragmatismo, que erosiona su identidad libertaria. En cualquier caso, el crédito del FMI no es la solución, apenas un puente. Del otro lado no hay certeza de tierra firme, solo la evidencia de que el costo político y económico será mayor de lo que hoy se admite.
