9 de mayo de 2026

La historia detrás de los golpes que la llevaron a ser una legendaria boxeadora

Alejandra “locomotora” Oliveras falleció este lunes tras sufrir un ACV y permanecer internada dos semanas en un hospital de Santa Fe. Su historia marcada por la pobreza en Jujuy. Los sueños y los deseos, la resiliencia y la superación y hasta un Récord Guinness. Los momentos de su vida que la terminaron por convertir en un ícono del boxeo y del deporte.

No tuvo miedo. Siempre fue hacia adelante, aún en los peores escenarios encontró la forma de levantarse. En el ring y en la vida, que para ella de a ratos fue casi lo mismo. Una vida de necesidad y ausencia desde sus primeros años, traiciones y dolores en el camino a la adultez y una resiliencia que demostró con los guantes y sin ellos. 

“Los golpes de la vida son peores que los del ring, porque no los esperás. La pelea más dura es la vida, es levantarte todos los días y decir ‘no voy a aflojar’”.

Alejandra Marina Oliveras  le estaba poniendo la misma garra que le puso siempre a todo. No por nada el apodo Locomotora. Porque esa fuerza y ese empuje la llevaron siempre a superarse, a dejar atrás los malos tragos, la mala gente, la mala suerte también.

De una infancia de carencias económicas en su Jujuy natal, aunque allí vivió poco ya que su familia se trasladó al sur de Córdoba, cuando soñaba tomar un helado o comer un asado. Al deporte que la salvó y la abrazó cuando los dolores la atravesaron.

Fue madre adolescente, sufrió violencia doméstica, discriminación, una dolorosa traición entre quien era su pareja y su hermana, sufrió a sus 29 años la muerte de su madre de 55. Pero se ganó el reconocimiento. En el ring y abajo. 

Como boxeadora, por sus títulos, por noquear a quienes no creían en ella. Como mujer, por reponerse a todo y ayudar a los demás, siempre dando una mano en comedores, merenderos, escuelas. Y hasta en las redes por sus videos motivacionales, alentando a todos a superarse, a no tirar la toalla nunca. 

“Mi mamá nunca quiso que yo peleará. Le demostré que los sueños, cuando uno lucha, se hacen realidad, y esos sueños son tuyos”. Sus sueños, en un principio, eran otros. Quería ser abogada, bailarina, karateca, astronauta y una lista larga de profesiones según reconoció durante años en varias entrevistas. Pero el boxeo apareció en su vida y se abrazaron.

A los 14 años había decidido comenzar una familia con su primer novio. A los 15 ya era madre de su primer hijo. Confesó que las agresiones comenzaron cuando ella estaba embarazada. Y a los 16 todo se terminó, fue cuando le pegó a su hijo.

Dijo basta y empezó a pensar en defenderse.  “La vida me lo puso adelante. Yo sufrí violencia de género, me tuve que defender, tal vez hoy no podría estar contando mi historia de vida. Yo leí la noticia que contaba que Tyson había salido de la cárcel. Yo siempre fui fanática de Tyson y ahí dije: me gustaría ser boxeadora. Pero es como si vos dijeras ‘cómo me gustaría ser astronauta’, un sueño que uno tiene.

Se me presentó una persona que había sido boxeador, un hombre grande, y me dijo: “¿Vos querés boxear? Yo te hago pelear”, contó.

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