Despidos masivos en Cerámica Cortines: ajuste silencioso, caída industrial y desprotección laboral
En otro golpe más al ya erosionado entramado industrial argentino, Cerámica Cortines, una de las empresas más emblemáticas del sector de la construcción, inició este lunes un proceso de despidos masivos que afecta, según estimaciones preliminares, a al menos 65 trabajadores.

Aunque la empresa aún no confirmó la cifra total, los telegramas comenzaron a llegar y la planta ubicada en la localidad bonaerense de Cortines se encuentra virtualmente paralizada.
Con casi 50 años de trayectoria, Cortines simboliza la historia de muchas pymes industriales argentinas: empresas productivas, de fuerte arraigo local, que sobrevivieron a crisis cambiarias, hiperinflación, dolarización de insumos y competencia externa.
Pero que hoy, bajo un modelo económico basado en la apertura de importaciones, el desmonte de la obra pública y la contracción del consumo, no encuentran espacio para sostener ni su producción ni sus trabajadores.
Las cifras reflejan el colapso. Entre 2021 y 2024, las ventas de cerámicos esmaltados cayeron casi un 57%, pasando de más de 11 millones de metros cuadrados a menos de 5 millones. Solo en los primeros meses de este año, la salida de materiales del depósito fue de apenas 850.000 metros, anticipando un derrumbe aún más profundo.
La dirección de la empresa ya había iniciado en meses anteriores un proceso de «reestructuración», eufemismo habitual que incluyó retiros voluntarios, pago de indemnizaciones en cuotas y una reducción del 40% del personal. Los despidos de esta semana se enmarcan en ese mismo plan, pero para los trabajadores representan mucho más que un ajuste: es el principio del fin.
Desde el gremio ya confirmaron que se movilizarán este martes al Ministerio de Trabajo en busca de una salida negociada que contemple la preservación de los puestos de trabajo. La desprotección es total: en muchos casos no hubo aviso previo, no hay garantías de pago en tiempo y forma de las indemnizaciones, ni señales de intervención estatal frente al desguace.
La historia de Cortines no puede analizarse como un hecho aislado. Es parte de una crisis estructural que recorre a lo largo y ancho el aparato productivo nacional. Las políticas oficiales —con la Ley Bases como telón de fondo— habilitan despidos sin causa, debilitan la negociación colectiva y abren las puertas al reemplazo de producción nacional por importaciones baratas, que en contextos de recesión terminan por arrasar con industrias enteras.
Mientras la macroeconomía festeja cifras de superávit y descenso inflacionario, la microeconomía sangra. Familias enteras quedan a la deriva, sin ingresos, sin horizonte y sin contención. La caída de Cerámica Cortines no es solo la caída de una empresa: es un síntoma alarmante del deterioro del trabajo, la industria y el Estado como garante de derechos.
El dilema que se abre no es técnico ni económico, sino político: ¿puede un país sobrevivir sin defender a quienes producen, trabajan y generan valor? Si las respuestas siguen llegando en forma de telegramas de despido, la respuesta parece cada vez más evidente.
