Alpargatas paraliza su planta en Corrientes: otro golpe a la industria nacional
La histórica textil y fabricante de calzado Alpargatas S.A. confirmó la paralización inminente de su planta en Bella Vista, Corrientes, poniendo en riesgo 400 puestos de trabajo y encendiendo una nueva alarma en el ya devastado mapa industrial argentino.

El caso no es aislado: forma parte de un patrón que se repite con creciente frecuencia en sectores productivos estratégicos, golpeados por una combinación letal de apertura indiscriminada de importaciones, caída abrupta del consumo y abandono estatal.
Alpargatas —una de las pocas empresas con tradición y presencia sostenida en la industria textil argentina— redujo su producción de denim en más de un 80%, pasando de un millón de kilómetros mensuales a apenas 200.000. El dato no solo habla de la contracción de su mercado, sino de la fragilidad de una estructura productiva que ya no encuentra respaldo en las políticas económicas oficiales.
La empresa ya había detenido su producción durante diez días en lo que va del año, y ahora se prepara para una nueva paralización, en un escenario que, de no cambiar, podría terminar en cierre definitivo o desguace operativo. La dirigencia gremial, representada por Juan Ángel Benítez del subconsejo de Alpargatas, no lo oculta: «La empresa va a parar casi con seguridad», advirtió.
En paralelo, nueve despidos se concretaron bajo el formato de retiros voluntarios —mecanismo habitual para evitar conflictos abiertos— con cierto aval de la Asociación Obrera Textil (AOT), que ya prepara el terreno para nuevos parates intermitentes durante el segundo semestre. La propia AOT, en un comunicado oficial, fue tajante al señalar a los responsables: “Abrir las importaciones nos mató. La Ley Bases habilita estas decisiones y pone en riesgo todos los derechos laborales”.
La historia se repite. Las fábricas se vacían, los operarios quedan a la deriva y las estadísticas oficiales omiten los rostros detrás de cada despido. La situación recuerda —y en algunos casos empeora— las crisis vividas en los años 2000 y 2015, pero con una diferencia clave: hoy no hay red de contención, ni institucional ni política. La industria nacional parece, literalmente, abandonada a su suerte.
Y el deterioro no se limita al sector textil. Mientras Alpargatas define su destino, la industria alimentaria también cruje: Granja Tres Arroyos fracciona el aguinaldo, SanCor y Lácteos Verónica acarrean conflictos salariales y Molinos ya anticipa dificultades de continuidad. Se trata de empresas clave, que además de abastecer el consumo interno sostienen miles de empleos directos e indirectos.
El modelo económico actual, centrado en el equilibrio fiscal y la apertura comercial, ignora una verdad básica: sin industria no hay desarrollo posible. Sin empleo formal, no hay consumo. Y sin consumo, no hay mercado interno que sostenga producción alguna.
La caída de Alpargatas no es solo el derrumbe de una empresa, sino el síntoma de una economía que prioriza lo financiero sobre lo productivo, lo importado sobre lo nacional, y el ajuste sobre la vida cotidiana de millones de trabajadores.
Hoy, en Bella Vista, 400 familias esperan una respuesta que no llega. Mañana, será otra planta. Y así, el país industrial que alguna vez fue orgullo regional, se diluye entre discursos de eficiencia que justifican la desocupación, y caramelos de eslogan que endulzan, pero no alimentan.
