Despidos encubiertos y salarios de miseria: la crisis textil golpea a Textilana, proveedora de Kosiuko
En Mar del Plata, la apertura importadora y la caída de la producción dejan a la planta con menos de 200 operarios, sueldos por debajo de la canasta básica y cesantías silenciosas. El sector textil vive uno de sus peores años. Mientras la ropa importada se dispara un 136% en los primeros cinco meses del año, las fábricas locales enfrentan sobrestock, cierres de turnos y despidos sin indemnización. Los trabajadores denuncian precarización y abandono sindical.

La industria textil argentina atraviesa en 2025 un escenario devastador. En apenas cinco meses, el gasto en ropa importada trepó un 136%, alimentando un proceso de desindustrialización que golpea con fuerza al empleo formal. El resultado: caída del 14% en la producción de hilados, del 26% en tejidos y un ajuste brutal en las plantas del interior.
Mar del Plata es hoy el epicentro de esta crisis. Textilana, símbolo del sector y proveedora de marcas como Kosiuko y Mauro Sergio, atraviesa una tormenta perfecta: desplome de ventas, apertura comercial indiscriminada y ausencia de protección estatal.
Despidos encubiertos: la estrategia del silencio
La fábrica aplica lo que los delegados denominan “despidos silenciosos”: desvinculaciones sin anuncios oficiales, priorizando a los empleados con menor antigüedad. “La empresa optó por prescindir de trabajadores sin comunicar oficialmente los despidos”, denunció María Dematteis, delegada de la Comisión Interna.
La política busca evitar conflictos públicos, pero precariza aún más a los trabajadores, muchos de los cuales quedan fuera sin indemnización o son empujados a renunciar por falta de recursos.
El drama no se limita a los despidos. Los salarios están por debajo de la canasta básica, obligando a los operarios a buscar ingresos extras:
“Hay compañeros que después de estar todo el día en la fábrica hacen ocho horas más manejando Uber”, relató Dematteis.
De los más de 300 trabajadores que supo emplear la planta, hoy quedan menos de 200. Una contracción que erosiona la estabilidad laboral y golpea la identidad productiva de Mar del Plata, históricamente ligada al sector textil.
Soledad, miedo y la ausencia del Estado
La incertidumbre reina entre los empleados. Sin respuestas claras de la empresa, sin respaldo sindical efectivo y con temor a represalias, la organización interna es mínima. “Sentimos que estamos muy solos, pero no queremos rendirnos”, confesó Dematteis, reflejando la sensación de abandono que recorre la fábrica.
Mientras tanto, la política económica nacional —marcada por la liberalización comercial y el ajuste— actúa como catalizador del colapso. La competencia desleal de productos asiáticos, que ya representan el 70% del mercado, ahoga a las pymes y reduce al mínimo su margen de supervivencia.
El riesgo de un apagón industrial
El caso Textilana no es aislado: es la postal de un sector que se desangra entre importaciones récord, caída del consumo interno y ausencia de políticas industriales. La pregunta es cuánto tiempo podrán resistir las pocas fábricas que aún sostienen empleo formal en un contexto donde el trabajo argentino se ve reemplazado por mercadería barata, sin controles y sin arraigo productivo.
