De 700 a 200 empleados: la dramática ola de despidos de Electrolux
La pregunta que sobrevuela el conflicto es si este proceso responde exclusivamente a una decisión empresarial puntual o si forma parte de una transformación más amplia del modelo industrial, donde la competitividad se redefine con menor peso de la producción nacional y mayor dependencia de cadenas externas.

La reestructuración de Electrolux en su planta de Rosario dejó de ser un proceso gradual para convertirse en un símbolo del cambio de ciclo industrial.
En poco más de un año, la firma redujo su plantilla de 700 a 200 trabajadores y ahora impulsa un nuevo plan de retiros voluntarios que podría recortar otros 100 puestos, en un escenario de fuerte incertidumbre para el empleo local.
El ajuste comenzó a mediados de 2025, cuando la compañía profundizó la importación de electrodomésticos fabricados en Brasil, en línea con una estrategia orientada a bajar costos y reconfigurar su esquema productivo. La decisión impactó de lleno en la planta del barrio Las Delicias, en Rosario, donde una primera ola de desvinculaciones redujo el plantel a unos 350 operarios. Meses después, el número descendió a los 200 actuales.
Ahora, según informó el periodista Alejandro Bercovich en C5N, la empresa abrió un nuevo programa de retiros voluntarios para achicar otros 100 puestos. Entre los trabajadores crece el temor de que, si el cupo no se cubre, la firma avance con despidos directos.
Desde la perspectiva empresarial, la importación aparece como una herramienta para mejorar competitividad en un contexto de apertura comercial y caída del consumo. No obstante, la contracara es un fuerte deterioro del empleo industrial y del entramado de proveedores que dependían de la producción local. El giro estratégico revela una tensión de fondo: mientras las compañías buscan eficiencia en costos, las comunidades que albergan las plantas enfrentan el impacto social de la desindustrialización.
Si el nuevo plan se concreta, la planta quedaría reducida a apenas un centenar de trabajadores, una cifra que contrasta drásticamente con los 700 que integraban su nómina hasta hace poco más de un año. Más que un ajuste coyuntural, el caso refleja un cambio estructural en la lógica productiva: menos fabricación local, más integración vía importaciones y un mercado laboral que absorbe el costo de esa transición.
